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2 de febrero de 2014

Las Glorias del Cielo.

La Eternidad o La Vida Eterna--->
<---Los misterios del Reino de los Cielos


Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de Mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Mateo (25:34)
..yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” (Jn. 10:10).

Estas frases tan llena de alegría y mucha felicidad son de mucho ánimo y todo creyente desea oír de los labios de Jesucristo el Rey del universo, donde todos los santos y los justos entrarán definitivamente y para siempre en el Reino de los Cielos.
Un lugar que nadie sabe cómo es exactamente, pero Jesús nos da una enorme esperanza cuando dice acerca del Cielo; “Ni ojo vio, ni oído oyó, ni está en la mente del hombre, lo que Dios ha preparado para los que le aman” (1 Cor 2, 9)

Procurar describir lo indescriptible con palabras que no pueden ni de lejos expresar la gloria del Cielo.
Dios ha hecho todas las cosas bien, por donde uno mire esta la obra perfecta de la creación; montañas, flores, aves, cielos, nubes, sol, plantas, paisajes, mares, ríos. Tantas maravillas que hay en el universo que aún ni la imaginamos, y tantas que hay en la tierra, que admiramos y contemplamos con la boca abierta, entonces, es de esperar que el Cielo sea algo mucho mejor, algo que ni imaginamos, algo que la mente humana no se puede imaginar. Será una sorpresa para todos aquellos que aman a Dios, algo que ni los más inteligentes ni los más sabios pueden describir.

Dios ha querido que sea una grata y enorme sorpresa de cómo será el Cielo, porque no se lo ha revelado a nadie, el creyente y fiel a Dios ha de esperar y creer en su palabra que será más que hermoso, más que bello, más que admirable.
No hay palabras humanas para definir lo que Jesús nos ha dicho acerca del Cielo; Ni ojo vio ni oído oyó...

LA BENDICIÓN DE LOS SANTOS EN EL CIELO

No hace falta estar en el altar de una iglesia para entrar en el cielo, todo aquel que tiene la enorme gracia de ir al Cielo después de la muerte, ya es santo. Pero si hay culpas que pagar, hay que purificarse de todo pecado, y para eso está el purgatorio, y la purificación es tan perfecta que hace que todo aquel que sale del lugar de expiación es santo para siempre revestido de la gloria de Dios.

Los santos reciben también las bendiciones del Cielo a partir de dos perspectivas diferentes. En primer lugar recibirán la libertad de vivir en el paraíso. En segundo lugar recibirán una comprensión exacta sobre lo que consiste la bendición eterna del alma y su salvación del infierno. Este acto hará que la persona (el alma) experimente una enorme gratitud a Dios, por haberle librado de las penas eternas de la condenación.
Los que van al Cielo no sufrirán la cólera de Dios, (pero sí cae sobre los que van al infierno). Quedan libres "de la ira venidera" (I Tesalonicenses 1:10.

El alma estará enormemente y eternamente agradecida a Dios, con cánticos de acción de gracias y alabanzas eternas a su Creador por haberlos librado de la muerte eterna del infierno.

Los moradores del Cielo quedarán libres del pecado, de las causas del pecado, y de las consecuencias del pecado.
El pecado es la causa de toda la miseria del mundo. El pecado es la razón por la cual el ser humano experimenta el dolor, la tristeza, las enfermedades, los odios, los celos, las envidias, las desuniones e incluso la muerte.

Dice la escritura: Pablo está de luto por el pecado y expresa en el lenguaje más fuerte su deseo de ser liberado de él:
¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?" (Romanos 7:24).
El verdadero hijo de Dios desea fervientemente vivir para siempre en un lugar alejado del pecado: un lugar donde él nunca cometerá ninguna falta contra Dios; un lugar en donde incluso nunca tendrá otro pensamiento pecaminoso. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis.(Gálatas 5:17).

El Cielo es el lugar donde ya no existirá más ni la muerte ni el pecado. Esto se representa maravillosamente en el Apocalipsis 21:3-4 "Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el Tabernáculo de Dios con los hombres, y Él morará con ellos; y ellos serán Su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. Limpiará Dios toda lágrima de los ojos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron.

En el Cielo estarás libre de las tentaciones del diablo. Aquí el enemigo de las almas que asalta a los hombres diariamente.
Aquí "Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor vuestro buscando a quien devorar;" (I Pedro 5). En la tierra el diablo intenta tentarte de la misma forma que intentó hacer a Pedro.

Y el diablo que los engañaba fue lanzado en el lago de fuego y azufre, donde estaban la bestia y el falso profeta; y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos. (Apocalipsis 20:10). "El Dios de paz aplastará en breve a Satanás bajo vuestros pies." (Romanos 16:20).

En el Cielo ya no existirá el diablo para tentar a los santos con el pecado nunca más. En el Cielo, los santos estarán libres de las lujurias del mundo. Éstas son descritas por Juan como "los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo." (I Juan 2:16).
En el Cielo el santo estará libre de la influencia malvada del mundo, porque él habrá superado al mundo para siempre con la sangre de Jesucristo.

La bendición eterna del alma en el Cielo, según Pablo dijo es; "Ahora vemos por un espejo, oscuramente" (I Corintios 13:12). Ciertamente, el cuadro que ahora intentamos describir es oscuro comparado a la verdadera Gloria del Cielo.

¿Quién puede imaginar las cosas que ahora intentamos describir, el Cielo?

"Nunca entenderemos la gloria completamente hasta que estemos en el Cielo. Intentar decir algunas ideas borrosas y oscuras, sólo algunos trazos imperfectos de ese estado de gloria al cual los santos llegan después de la muerte."

La bendición del alma en la gloria consiste en por lo menos tres cosas:

1) Ver a Dios tal cual es.

2) La perfección de las gracias en el creyente.

3) La plenitud de la alegría eterna.

1° - VER A DIOS TAL CUAL ES

"Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios" (Mateo 5:8).

Los santos en el Cielo verán a Dios en toda Su majestad. Presenciarán la gloria infinita del Todopoderoso en tan gigantesca magnitud como ellos sean capaces de concebir. No Lo presenciarán solamente a la distancia, sino "cara a cara" (I Corintios 13:12).
En esto consiste principalmente la bendición de los santos en la gloria: en presenciar a Dios. Es imposible que un ser humano que es un ser finito pueda comprender a Dios. El Apocalipsis 22:5, describe algo de la gloria de ver a Dios:

No habrá allí más noche; y no tienen necesidad de luz de lámpara, ni de luz del sol, porque Dios el Señor los iluminará; y reinarán por los siglos de los siglos."

La gloria de Dios disipará la luz del sol como ahora la brillantez del sol disipa la oscuridad de la noche.
El Padre no se manifestará directamente en el Cielo porque a nosotros se nos dice en las Escrituras que Dios es invisible:
"Por tanto, al Rey de los siglos, inmortal, invisible, al único y sabio Dios, sea honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén." (I Timoteo 1:17).

Se ha dicho de Cristo "Él es la imagen del Dios invisible" (Colosenses 1:15). El Padre no necesitará manifestarse de ninguna otra manera que con la gloria y majestad del Cristo exaltado. El Señor dijo a sus discípulos en la noche anterior a su muerte: "el que me ha visto a Mí ha visto al Padre" (Juan 14:9).

Jonathan Edwards, fue un teólogo, pastor congregacional y misionero para los nativoamericanos durante la época colonial.
Es conocido como uno de los más grandes y profundos teólogos en la historia de los Estados Unidos, y definió a Cristo de esta manera: "Dios se glorificó en el cuerpo de Cristo, es la manera más perfecta que puede haber de ver a Dios con los ojos corporales; que Una de las Personas de la Trinidad haya asumido un cuerpo verdadero para ser Su cuerpo, y en el cual mora por siempre como Él mismo, la majestad y a la excelencia divinas aparecen tanto como es posible que se manifiesten de forma exterior o en figura.

Ellos lo verán, con sus ojos corporales, en su glorificada naturaleza humana; y esto será una de las visiones más gloriosas.
El amor de Cristo así manifestado será una de las cosas más deleitantes para ellos; porque aunque los cuerpos de los santos brillarán con una extrema belleza y gloria, con todo, sin duda el cuerpo de Cristo los sobrepasará infinitamente, tanto como el brillo del sol en relación con el de las estrellas.

La gloria del cuerpo de Cristo será la obra maestra de la mano de Dios en todo el universo material. En su cuerpo glorioso se manifestarán sus perfecciones espirituales gloriosas, su majestad, su santidad, su misericordia exultante, y amor, y mansedumbre. El ojo nunca se cansará con la contemplación de esta perfección inefable y gloriosa."

No sólo verán a Cristo cara a cara, sino que pasearán y hablarán con Él. Cristo los tratará como hermanos y les hablará como a sus amigos íntimos. Momentos antes de su crucifixión, Cristo dijo a sus discípulos: "Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer" (Juan 15:15).

¿Si Cristo podía decir ésto a sus discípulos mientras que todavía estaban arropados en sus naturalezas pecaminosas, piensas que no los admitirá aún más cerca de Él en el Cielo cuando hayan purgado completamente toda mancha e iniquidad y estén presentes ante su inmaculado trono con sus vestimentas purificadas en su sangre?

Ciertamente que sí. Las Escrituras hablan de la vida de Dios entre su pueblo en términos gloriosos:
"He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y Él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios... y verán su rostro, y su nombre estará en sus frentes" (Apocalipsis 21:3; 22:4).

2° - LA PERFECCIÓN DE LAS GRACIAS EN EL CREYENTE

En segundo lugar, los admitidos en el Cielo gozarán de la perfección de todas sus gracias.

Analizaremos tres gracias determinadas:

1°) La gracia del conocimiento.

2°) La gracia de la santidad.

3°) La gracia del amor.

Primero, la gracia del conocimiento será perfeccionada en la gloria. "Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos; mas cuando venga lo perfecto, entonces lo que es en parte se acabará. Ahora vemos como por un espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara al Creador. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido." (Corintios I 13:9-10, 12).

Nuestro conocimiento de las cosas divinas es ahora escaso y vago. No percibimos las cosas claramente. Somos tardos en nuestra comprensión. Entonces las conoceremos, como Cristo ahora nos conoce. La gracia de la sabiduría será perfecta en los santos del Cielo. El santo entenderá más completamente a Cristo como mediador entre Dios y los hombres.

Entenderán el misterio de la Encarnación de Jesús, del hombre que se convierte en Dios. En tan gran magnitud como les sea posible, los santos en gloria entenderán el misterio de la Santísima Trinidad. Entenderán el plan de la salvación de las almas y cómo la Providencia Divina trabajó en todas las circunstancias de sus vidas.

Allí todas las dificultades, pruebas, y oscuras providencias de la vida serán considerados como entidades gloriosas que atestigüen en verdad que "a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien" (Romanos 8:2.

Entenderán las excelencias de Cristo-Divinidad en un grado tan completo como ellos sean capaces. El conocimiento de Dios será pleno, con todas sus divinidades, conocerán a Dios completamente. El ser humano aquí en la tierra nunca podrá comprender totalmente la Esencia Divina.

La gracia de la santidad será perfeccionada en todos los que reciban la gloria. "sabemos que cuando Él (Jesús) se manifieste, seremos semejantes a Él, porque le veremos tal como Él es" (I Juan 3:2). Es decir conoceremos realmente quién es Jesucristo, El Dios Vivo, con todo su Poder y con toda su Gloria

La Santidad es la belleza trascendente de Dios y los ángeles. La santidad es un atributo primario de Dios.

"Santo, santo, santo, Dios de los ejércitos; (Isaías 6:3) es el grito de los serafines que le atienden constantemente en la gloria. En el Cielo la santidad será perfecta en el creyente. El pecado no existirá nunca más.
Entonces las palabras de Dios alcanzarán su significado completo: "Sed santos, porque yo soy santo." (I Pedro 1:16).

La santidad es el deseo ferviente del hombre que viaja a través de este mundo de pecado. Allí los hombres serán como los ángeles de Dios, con toda su capacidad, inteligencia, y atributos que sean capaces de recibir. Allí, tanto como les sea posible, serán como Cristo mismo. Serán santos para toda la eternidad.

En el Cielo la gracia del amor de Dios será perfecta. En la tierra el amor a Dios se expresa de forma escasa e intermitente.
La carne pecaminosa y el interés propio empañan y obstaculizan el amor a Dios. No podemos amar a Dios como merece o aún como nosotros quisiéramos.
Aunque el espíritu en el hijo de Dios desea con toda su fuerza interior hacer lo que dice la Escritura, "Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas" (Deuteronomio 6:5), esto no puede ser hecho perfectamente aquí en la tierra, debido a la naturaleza pecadora del hombre.

Pero como el hombre en su corazón desea hacerlo así, para Dios es valido el deseo del creyente como si la acción fuera hecha perfectamente. En el Cielo, el amor de Dios fluirá sin interferencias como nadie ha experimentado jamás en la tierra. Dios será amado totalmente y completamente y los santos se amarán unos a otros sin presencia alguna de deseos expureos o egoísmo.

3° - LA PLENITUD DE LA GRACIA ETERNA

En tercer lugar, los que estarán el Cielo experimentarán la plenitud de la alegría. "Me mostrarás la senda de la vida; En tu presencia hay plenitud de gozo; Delicias a tu diestra para siempre" (Salmo 16:11).

La plenitud de la alegría se podría describir como experimentar el inmenso amor de Dios, generoso como las aguas de un océano. Los antigüos padres, tenían ya una comprensión mucho mayor de este tema, lo han descrito de esta manera:
"Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu Señor" (Mateo 25:21.

La visión de Dios, del Dios Amoroso, y de ser amado por Dios causará una efusión de alegría en el espíritu, y creará en tales santos éxtasis de alegría en los elegidos, que resulta simplemente inenarrable y lleno de gloria."
"Ellos verán en Él todo lo que el amor desea. El amor desea el amor del amado. Los santos en gloria verán el amor transcendente de Dios por ellos; Dios hará manifestaciones inefables de su amor por ellos.

Verán tanto amor en Dios hacia ellos como lo desean; ¡ni puedan anhelar más… cuando ven a Dios tan glorioso, y al mismo tiempo vean cuán enormemente Dios les ama, qué delicia no causará esto en el alma!
El amor desea la unión. Por lo tanto verán a este Dios glorioso unido a ellos. Verán que Él es su Padre, y que ellos son sus hijos. Verán a Dios gloriosamente presente con ellos; Dios con ellos; Dios en ellos; y ellos en Dios.

El amor desea la posesión de su objeto. Por lo tanto verán a Dios, incluso como su propio Dios; cuando presencien esta gloria trascendente de Dios, lo verán pues como algo propio, se aferrarán a Dios tan fuerte que nunca, nunca querrán separarse.

"Los que están en la gloria del Cielo gozarán de Dios según lo que su capacidad le permita.
El Salmista escribió sobre la gran bendición que suponía la adoración de Dios en su templo:
¡"Bienaventurados los que habitan en tu casa; Perpetuamente te alabarán. Porque sol y escudo es Jehová Dios; Gracia y gloria dará Jehová. No quitará el bien a los que andan en integridad." (Salmo 84:4, 11).

Los benditos del Cielo dirán: "que benditos son los que están en la presencia de Dios mismo!"

Si el Señor Dios no niega nada a los que recurren a Él aquí en la tierra, entonces,
¿negará cualquier gloria del Cielo a sus hijos redimidos?

Aquí en la tierra gozamos de Dios sobre todo con su palabra, adoración, y con la meditación y la oración. Allí gozaremos de Él "cara a cara."
"Aquí tienes a Dios en expectativa, pero allí lo tendrás en posesión."
"Allí los santos y los hombres en gloria se llenarán de alegría con el disfrute eterno de la manifestación de Dios con todos sus atributos.
"Allí aumentará enormemente la alegría y el regocijo de los glorificados cuando contemplen la Misericordia de Dios mostrada hacia ellos en la salvación, y cómo merecieron por sus pecados haber estado entre los condenados del infierno, pero fueron salvados de los tormentos eternos, solamente debido a la Misericordia soberana de Dios que les fue concedida para la salvación.
Esta inmensa gloria de la salvación sólo se entenderá completamente cuando presenciemos a Dios cara a cara.

Los ministros de la Iglesia se regocijarán con los que condujeron al conocimiento de Cristo y los frutos de sus trabajos serán vistos allí completamente. Pablo escribe de esta alegría infinita en I Tesalonicenses 2:19:

"Porque ¿cuál es nuestra esperanza, o gozo, o corona de que me gloríe?

¿No lo sois vosotros, delante de nuestro Señor Jesucristo, en su venida?"

¡Otras cosas contribuirán indudablemente a la alegría del Cielo, tal como estar con los seres amados que tuvimos aquí en la tierra y con los santos de todas las épocas, el contemplar las providencias de Dios hacia ellos en la tierra, estando ya en la ciudad divina, pero la alegría más grande de todas vendrá de estar frente a la presencia de Dios!

LOS DIVERSOS GRADOS DE GLORIA EN EL CIELO

Todos los habitantes del Cielo, es decir todos los hombres y los santos, son eternamente felices, gozan de una alegría y una paz no conocida en la tierra, la paz de Jesucristo. Todos tienen sus necesidades satisfechas, no hay carencia alguna, y eso los hace inmensamente felices. Cada uno tiene lo que se merece y en su justa medida, y sabe por justicia que no merece más y lo acepta gustosamente.

Todos son muy felices, pero unos gozan de las Glorias más que otros. En el Cielo hay diferentes grados de Gloria.

Los que trabajan más para el reino y la gloria de Dios aquí en la tierra reciben un mayor grado de honor y gloria en el Cielo.
La primera evidencia que tenemos de diversos grados de gloria viene de lo que a veces se llama la ley de oposición.
Consideremos: ¿Hay diversos grados de tormento en infierno?

Sí, es así, entonces, por la ley de oposición, podríamos deducir lógicamente que habrá diversos grados de gloria en el Cielo.
En Lucas 12:47-48 nos hablan de los que "reciban muchos latigazos" y de quién "recibirá solamente unos pocos."
Hay diversos grados de castigo en el infierno, así concluimos que habrá también diversos grados de santificación y gozo en el Cielo. II Corintios 5:10 y I Corintios 3:8 nos dan la base para la diferencia:

"Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, es decir en este mundo, sea bueno o sea malo."

EL CASO DE LA IGUALDAD DE RECOMPENSA EN EL CIELO.

Según nuestro procedimiento en este mundo, cada fiel seguidor de Jesucristo recibe el mejor regalo de todos; la vida eterna.
La pregunta es solo si hay o no una recompensa adicional esperado por algunos de nosotros. Aquellos que dicen que Dios recompensa a todos los hombres salvado de igual manera, a veces señalan una parábola específica de Jesús para apoyar su argumento: en Mateo 20:1-15 dice:

“Porque el reino de los cielos es semejante a un hacendado que salió muy de mañana para contratar obreros para su viña.
Y habiendo convenido con los obreros en un denario al día, los envió a su viña.
Y salió como a la hora tercera, y vio parados en la plaza a otros que estaban sin trabajo; y a éstos les dijo: “Id también vosotros a la viña, y os daré lo que sea justo.” Y ellos fueron.
Volvió a salir como a la hora sexta y a la novena, e hizo lo mismo.

Y saliendo como a la hora undécima, encontró a otros parados, y les dijo: “¿Por qué habéis estado aquí parados todo el día sin trabajar?” Ellos le dijeron: “Porque nadie nos contrató.” Él les dijo: “Id también vosotros a la viña.”
Y al atardecer, el señor de la viña dijo a su mayordomo: “Llama a los obreros y págales su jornal, comenzando por los últimos hasta los primeros.”
Cuando llegaron los que habían sido contratados como a la hora undécima, cada uno recibió un denario.
Y cuando llegaron los que fueron contratados primero, pensaban que recibirían más; pero ellos también recibieron un denario cada uno.

Y al recibirlo, murmuraban contra el hacendado, diciendo: “Estos últimos han trabajado sólo una hora, pero los has hecho iguales a nosotros que hemos soportado el peso y el calor abrasador del día.”
Pero respondiendo él, dijo a uno de ellos: “Amigo, no te hago ninguna injusticia;
¿no conviniste conmigo en un denario?” Toma lo que es tuyo, y vete;
pero yo quiero darle a este último lo mismo que a ti”.
¿No me es lícito hacer lo que quiero con lo que es mío? ¿O es tu ojo malo porque yo soy bueno?”

"Cada uno recibirá su recompensa conforme a su labor para el Reino de Dios." Es evidente que las recompensas están prometidas a todos los creyentes y sus diversos grados de gloria, las cuáles serán equivalentes a los trabajos realizados para Dios aquí en la tierra.

Pedro pregunta a Jesús; “He aquí, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido;
¿qué, recibiremos entonces?” (Mateo 19:27).
Jesús le asegura a Pedro que los discípulos judíos tendrán autoridad en el reino pero también le dice a Pedro, que muchos otros que vengan a la verdad después de ellos, también estarán en el reino.

La Escritura habla del que recibe "la recompensa de un profeta" (Mateo 10:41) que parece distinguirlo como diferente de la recompensa ordinaria. Cristo enseñó a sus discípulos que quienquiera que les dé "un vaso de agua" en su nombre no quedará sin recompensa (Marcos 9:41).
Esto no sería posible si no hubiese reconocimiento de las buenas obras en el Cielo.

En otro apartado de las Escrituras se reconoce de forma absolutamente clara que habrá diferencias entre los creyentes en la gloria. Dice el profeta Daniel que "Los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento; y los que enseñan la justicia a la multitud, serán como las estrellas a perpetua eternidad." (Daniel 12:3).

Y San Pablo compara la diferencia entre el sol, la luna, y las estrellas y la aplica a los creyentes en la gloria del Cielo:
"Una es la gloria del sol, otra la gloria de la luna, y otra la gloria de las estrellas, pues una estrella es diferente de otra en gloria. Así también será en la resurrección de los muertos, cada uno brillará según su gloria." (I Corintios 15:41-42).

San Pablo está diciendo simplemente que mientras que una estrella brilla con más fulgor que otra en el Cielo, así un santo, o un hombre brillará con una gloria más divina que otro cuando los muertos resuciten para recibir el pago por las obras hechas en esta vida.

Uno será más glorioso y gozará más de ésa gloria que otro basándose en cómo ha vivido, en lo que ha hecho para el Reino de Cristo, en qué ha hecho en la asistencia de nuestros hermanos necesitados mientras vivía en la tierra.
Esto se enseña de forma diáfana en la parábola de los talentos, donde a un hombre dieron autoridad sobre diez ciudades y a otro sobre cinco (Lucas 19:12-19).

"Los santos son como muchos recipientes de diversas tallas echados en el mar de la felicidad donde se llena cada recipiente:
esto es la vida eterna, porque un hombre tiene sus capacidades llenas. Pero después de que todos los envases sean admitidos en el reino soberano de Dios, Dios aplica su prerrogativa para determinar el tamaño del envase."

Cada persona será llenada según su capacidad de santidad y de alegría en el Cielo. A nadie le faltará nada. Pero habrá quien tenga una mayor capacidad para recibir la alegría que otros. Algunos teólogos explican la gloria de la siguiente manera;

"a pesar de haber grados de gloria, con todo, esto no implica que haya defectos o deseos (carencia) de gloria en el Cielo a cualesquiera personas glorificadas, simplemente cada persona será tan llena de gloria como sea capaz de recibir".

Esto se explica con una demostración más clara. Tome un pequeño recipiente y un gran recipiente de doble o triple tamaño, y eche ambos en el mar, ambos recipientes estarán llenos, con todo no hay tanta capacidad dentro del pequeño recipiente como del grande, aunque ambos están llenos. Así será en el Cielo, unos con mucha gloria otros con poca, pero todos muy felices.

Así pues, dice, el santo es como dos recipientes, con todo, como si fuesen uno solo, a causa del disfrute de Dios, pero uno es más espacioso para tomar más de Dios que el otro, pero aún así, el menos santo estará lleno de gloria;
el que tenga menos gloria, tendrá gloria suficiente, aunque no igual gloria que algún otro de los santos glorificados: de modo que esos grados de gloria no suponen ningún defecto en esas personas que tienen menos gloria de la que tienen otras."

Todos serán recipientes llenos, pero de diversas tallas. Todos lucirán las coronas de glorias, algunos con un mayor lustre que otros. La santidad y la felicidad serán mayores en unos que en otros a través de toda la eternidad.

FACTORES IMPORTANTES DE GLORIA O RECOMPENSA

La presencia de diversos grados de gloria en el Cielo puede llegar al pensamiento de algunos que podría haber envidias en el Cielo por los grados de gloria que muchos hermanos nuestros disfrutarán eternamente. Aquí en la tierra éso es posible por nuestra humanidad imperfecta y por la existencia del pecado entre nosotros, más en el Cielo éso es imposible.

Todo amor será perfecto en el Cielo, los grados de felicidad que experimentará cada ser es de acuerdo a lo que en justa medida se lo merezca y sabe por justicia que no merece más. Es lógico pensar que si una persona aquí en la tierra sufrió persecuciones en su cuerpo o en su espíritu, luchó para mantener su cuerpo y alma en estado de pureza, rechazando por amor a Dios todo acto sexual o impuro, no permitido siendo casado o rechazándolo totalmente por ser laico, o entregó su vida a favor de los carenciados, enfermos, solitarios, dejándolo todo y yendo a tierras extrañas, es muy justo que tal persona reciba en el Cielo grados de felicidad extraordinarias debido a su entrega por amor a Dios.

Dios compensa enormemente ese sacrificio y esa entrega en favor de otros. Pensemos en la entrega de la Beata Madre Teresa de Calcuta y su obra extraordinaria en favor de los más pobres.
Y así será como el apóstol Pablo escribió: "De manera que si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él, y si un miembro recibe honra, todos los miembros con él se gozan." (I Corintios 12:26).

Los santos en gloria pensarán que es correcto que los que sobresalieron entre otros en obras de justicia y en buscar la gloria de Dios en la tierra deben recibir mayor gloria en el Cielo. Los benditos de Cielo bendecirán a Dios por la irradiación de su gloria que brilla a través de otros hombres, porque la envidia y el pecado no tendrán cabida en el Reino de Dios.

A todos los creyentes en Cristo; vuestro estado eterno en el Cielo es consecuencia de lo que hacéis aquí, en la tierra.
"Pero esto os digo:
El que siembra escasamente, también recogerá escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también recogerá." (II Corintios 9:6).
En otras palabras, cuánto más amor entreguemos al prójimo y cuánto más nos dediquemos a las obras de misericordia corporales y espirituales por el Reino de Dios, más recibiremos en el Cielo.

¿Tu buscas una eternidad con los mayores grados de felicidad posible?

Entonces vive tu vida a partir de hoy completamente orientada para la mayor gloria de Dios. Mañana puede ser demasiado tarde.
Tu actual vida determinará tu estado futuro en la gloria del Cielo. Para orientar a quienes buscan una vida futura mejor es imperativo comenzar con una espiritualidad orientada hacia el bien de los demás, olvidándonos de nosotros mismos.

Hay que ser constantes en la oración, sin la oración no hay santidad, ni grados de gloria!.

Quien comienza una buena obra sin la oración pronto se cansará y abandonará todo, encontrará confusión, contradicciones, y acto seguido dejará todo inconcluso.

Pero el que se aferra a la oración constantemente, diariamente, nunca se confunde, nunca se desorienta, nunca abandona la obra comenzada, es más, encuentra a todo solución y fuerzas en la oración. Mediante la oración constante obtenemos sabiduría y entendimiento de parte de Dios. La oración diaria es una comunicación con el Padre Eterno y su Hijo Jesús, y jamás estaremos confundidos, entenderemos todo lo que Dios quiere de nosotros y obtendremos humildad, importantísimo para la santidad ya en este mundo.

Los santos en vida obtuvieron estas cualidades para ir al Cielo; oración, sabiduría, entendimiento y humildad mucha humildad.
Por eso debemos pedir a Dios en la oración diaria y constante; sabiduría, entendimiento y humildad.

"Nuestra oración estará orientada al Espíritu Santo, sed devotos del Santo Espíritu quien nunca deja confundir a nadie con sus siete dones, pedidle diariamente!. Beato Juan Pablo II.

ALGUNOS GRADOS DE GLORIA O RECOMPENSA

- GRADOS DE LA MISERICORDIA Y LA SANTIDAD AQUÍ EN LA TIERRA


Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.
Quien desee alcanzar misericordia en el cielo debe él practicarla en este mundo. Y, por esto, ya que todos deseamos la misericordia, actuemos de manera que ella llegue a ser nuestro abogado en este mundo, para que nos libre después en el futuro. Hay en el cielo una misericordia, a la cual se llega a través de la misericordia terrena. Dice, en efecto, la Escritura:
Señor, tu misericordia llega al cielo.

Hemos de saber que tendremos que dar cuenta de todas nuestras acciones buenas y malas, palabras, pensamientos, gestos o intenciones, ciertamente, todo lo bueno tendrá una recompensa. Cierta hermana religiosa se sorprendió al descubrir (cuando fue al cielo) que cada sonrisa, cada respuesta amable, cada oración para alguien necesitado y en particular, cada buena acción hacia nuestros hermanos, queda registrada en el Cielo y recibe un galardón espiritual.

“Entonces les responderá diciendo: De cierto os digo que en cuanto lo hicistéis a uno de estos más pequeños, a mí lo hicistéis”(Mt. 25:45). Dios nos ha dado diferentes ministerios a cada uno. Algunos tienen el privilegio de dedicar todo el tiempo al ministerio de la Palabra de Dios y la oración (Hechos 6:4). Podemos pensar que un sacerdote frente a sus fieles tiene mayor ventaja, pero eso no es cierto. A quien Dios más se le dio más cuenta tendrá que rendir ante el Tribunal divino.

No es bueno que nos comparemos unos con otros, porque siempre terminaremos pensando que somos superiores a otros o inferiores a ellos. En la tierra, recibimos alabanza de manera muy diferente a como es en el cielo.
El cielo da valor a las recompensas de acuerdo al tipo de persona que somos. Se reduce a nuestra vida diaria
En Proverbios 16:32, encontramos: “Mejor es el que tarda en enojarse que el fuerte; y el que se enseñorea de su espíritu, que el que toma una ciudad”.

En otras palabras, si controlamos nuestro espíritu, somos mejores que aquellos que han conquistado una ciudad, o que han logrado grandes obras. Podríamos profetizar “con vehemencia”, pero el apóstol Pablo dijo que si no tenemos amor, no sirve de nada (1 Co. 13:2). Las palabras de nuestra boca y nuestras actitudes son mucho más importantes en el cielo que la forma en que predicamos o enseñamos. Dios nos mide en base a nuestra actitud hacia los demás y nuestras relaciones con otros.

Practicad, pues, la misericordia en este mundo, y recibiréis la misericordia celestial. El pobre te pide a ti, y tú le pides a Dios; aquél te pide un bocado, tú le pides la vida eterna. Dad al indigente, y merecerás recibir de Cristo, ya que él ha dicho: Dad, y se os dará. No comprendo cómo te atreves a esperar recibir, si tú te niegas a dar. Por esto, cuando vengáis a la iglesia, dad a los pobres la limosna que podéis, según vuestras posibilidades. (San Cesareo de Arlés).

GRADOS DE LA BONDAD REALIZADA

Ser bondadosos perfecciona el espíritu de una persona, porque sabe dar y darse sin miedos a verse defraudado a los demás, dando apoyo y entusiasmo a todos los que lo rodean. Muchas veces el concepto de bondad se confunde con el de debilidad, a nadie le gusta ser "el buenito" en su trabajo, de quien todo el mundo se aprovecha. Sin embargo, Bondad es exactamente lo contrario, es la fortaleza que tiene quien sabe controlar su carácter, sus pasiones y sus arranques, para convertirlos en mansedumbre.

Supone una inclinación a hacer el bien, con una comprensión profunda de la personas y sus necesidades, siempre paciente y con animo equilibrado. Este valor desarrolla en cada persona la disposición para agradar y complacer, en su justa medida, a todas las personas en todo momento. Ahora podemos preguntarnos:

¿En qué momentos nos alejamos de una actitud bondadosa?

Esto se aprecia en aquellas actitudes agresivas, cuando adoptamos malos modales o formas de hablar un tanto soberbias utilizando palabras altisonantes, con la razón de nuestra parte o sin ella. También cuando adoptamos una actitud indiferente ante las preocupaciones o inquietudes que tienen los demás, juzgándolas de poca importancia o como producto de la falta de entendimiento y habilidad para resolver problemas.

¡Nunca hay que considerarse superiores!

Al hacerlo, nos convertimos en seres realmente incapaces de escuchar con interés y tratar con amabilidad a todos los que acuden a nosotros buscando un consejo o una solución.

Debemos entender que la bondad no tiene medida, es desinteresada, por lo que jamás espera retribución. Nuestro actuar debe ir acompañado de un verdadero deseo de servir, evitando hacer las cosas para quedar bien... para que se hable bien de nosotros.
Pero tampoco ser bondadoso implica ser blando, condescendiente con las injusticias o indiferente ante la conducta de los que nos rodean. Por el contrario, el bondadoso es una persona que continua siendo enérgica y exigente sin dejar de ser comprensiva y amable. Del mismo modo, jamás responde con insultos y desprecio ante quienes así lo tratan, por el dominio que tiene sobre su persona, procura comportarse educada y respetuosamente a pesar del ambiente adverso y hostil que le rodea.

La bondad perfecciona a la persona que lo asume como un valor importante en su vida, porque sus palabras están llenas de aliento y entusiasmo, facilitando la comunicación amable y sencilla; da sin temor a verse defraudado; y sobre todo, tiene la capacidad de comprender y ayudar a los demás olvidándose de sí mismo.

Los 5 principios de la Bondad;

1° - Siembra semillas de bondad.

Cada vez que uno sonrie, escuchas con atención a un amigo, das las gracias o tratas a un extraño con cortesía y respeto, estás emitiendo energía positiva. Esta energía provoca una impresión en la otra persona que, a su vez, pasará y contagiará a las decenas de personas con las que se encuentre en su camino. Así, estos gestos positivos tendrán un efecto multiplicador que, en última instancia, te volverá a tí mismo acrecentado. Recuerda que todo vuelve multiplicado, lo bueno y lo malo que hagas.

2° - Coopera con todos por igual.

Todos somos lo suficientemente inteligentes como para tratar bien a la gente importante que nos rodea cada día de nuestras vidas, como los vecinos, nuestros jefes y hasta los compañeros de trabajo. Sin embargo, no siempre nos preocupamos por un extraño al que no volveremos a ver. Cambia tu postura y comienza a tratar a todas las personas con las que te vas encontrando como si fueran las más importantes del mundo, porque en verdad lo son. Si no para nosotros, sí para alguien; y si no lo son hoy, pueden serlo mañana.
3° - Tener la conciencia tranquila.

Aunque no vuelvas a ver a la persona a la que trataste mal ni nadie más sepa de tus actitudes o tu mal comportamiento, tu sí eres consciente de que actuaste mal. Por eso, esta mala sensación estará en tu mente y en tu corazón cada vez que trates de convencer a alguien de que puede confiar en tí. Como te estás traicionando a tí mismo, será difícil que puedas creer en una persona o en una relación. Recuerda que la conciencia nunca duerme, nunca se acalla, y te perseguirá donde quiera vayas.
Por lo tanto siempre se gana, portándose bien y siendo bueno que portarse mal y ser malvado.

4° - Busca convencer en vez de vencer.

Cambia tu interior y dile a los demás en qué estás a favor, en lugar de qué estás en contra. Haz el ejercicio de reconducir las conversaciones hacia tu terreno, por ejemplo, en vez de decir en forma autoritaria "¡cierra la ventana!", puedes reemplazarlo por "¿te molesta si cierro la ventana?, o ¿no hace un poco de frío?". De este modo, formulas una pregunta que la gente puede responder, además de convertir el hecho de cerrar la ventana en una idea compartida, también, por la otra parte.
Esta es una de las mejores formas de conseguir que se acepten tus propias ideas. Recuerda que en la buena amistad, das gloria a Dios, por tu buena actitud hacia los demás.

5° - Escucha tu voz interior.

Cuando entablamos una relación con alguien, una voz interior nos dice "es una buena persona" o "no confío en ella".
Cómo podemos hacer tales juicios al instante?

Porque somos capaces de detectar señales no verbales. Presta atención al lenguaje corporal: brazos y piernas sin cruzar, inclinación de la cabeza para demostrar que te interesa lo que te cuentan y palmas abiertas para indicar franqueza y receptividad. Demostrar que vas por la vida en son de paz es la mejor forma de plantarte ante los demás desde un costado solidario y apacible. La bondad, entonces, será una realidad contagiosa, productiva y generadora de buenos sentimientos.

En un mundo tan hostil, es difícil ser bondadoso, pero no es imposible. Reza mucho para conseguir todos tu logros, hazlo con humildad y pronto notarás los cambios en tí.

Dios premia en el Cielo con glorias muy importantes a quienes practicaron la bondad con su hermanos aquí en la tierra.
Recuerda que Dios es Bondadoso por excelencia e infinitamente justo para premiarte.

GRADOS DE AUTO-NEGACIÓN Y DEL SUFRIMIENTO

Los vencedores son aquellos que han vencido al mundo, la carne y el diablo. El término vencedor significa aquel que ha ganado una batalla. Debemos vencer en las siguientes áreas para salir triunfantes:

El mundo:

Debemos vencer al mundo y sus atractivos, que incluyen la vanagloria de la vida, la aceptación de las personas de este mundo y sus recompensas temporales. El deseo por las cosas y las posiciones de este mundo es muy fuerte, tanto que incluso Demas, quien caminó y estuvo con Pablo, cambió la promesa de la vida eterna por estas cosas (2Ti. 4:10).

Los deseos de la carne:

La carne abarca los deseos mundanos, como lujurias sexuales, las orgías, los escándalos sexuales y toda clase de inmoralidad.
Dentro del matrimonio los esposos deben respetarse uno al otro, ser fieles, sin engaños ni mentiras. El adulterio lleva a la ruina a muchos matrimonios y produce en los hijos una falta de amor hacia sus padres, donde el respeto y confianza quedan aniquiladas. El mal ejemplo que dan los esposos en el adulterio, se verá reflejado en los hijos en el futuro. Los esposos tendrán que rendir cuenta de tales acciones en el Tribunal divino y también por el futuro de sus hijos.
También incluye comer y beber en exceso, asistir a fiestas donde hay drogas, sexo y alcohol. Y darse todos los placeres sin medida ni restricciones.

El diablo:

El diablo tiene muchos seguidores que practican la brujería, la predicción del futuro, los horóscopos, la adivinación de las manos, las cartas egipcias, el tárot, los trabajos con magia negra, el ocultismo, el espiritismo, el juego de la copa, la Ouija, y todos los que simpatizan con el diablo son sus seguidores y adeptos.

Todos estos deseos deben ser extinguidos para poder convertirse en un verdadero vencedor espiritual.
Otros versículos bíblicos que tienen que ver con otras maneras de tener una vida vencedora, los encontramos en Romanos 5:17, Romanos 12:21 y 1 Juan 2:14.

En el Cielo hay galardones y posiciones elevadas de Gloria especiales y extraordinarias reservadas para todos estos vencedores.
Consideremos algunos ejemplos de Apocalipsis, capítulos 2 y 3. Los vencedores de la carne y del diablo se encuentran en posiciones elevadas extraordinarias, por encima de muchos en Cielo, con cada batalla ganada al diablo y a los deseos de la carne han glorificado a Dios en sus cuerpos y en sus actitudes, y como es justo, Dios le dará el premio merecido.

GRADOS DE LA EMINENCIA EN LA HUMILDAD

El don de la humildad nos salva de ser absorbido por una vida de auto-destrucción y maldad; nos ayudará a tener amistades más sinceras y duraderas y relaciones más profundas y significativas.
Es muy importante aprender a ser humildes porque somos seres sociales que necesitamos de otras personas en nuestras vidas para poder conversar, amar, divertirnos sanamente, convivir y aprender acerca de las relaciones humanas.

Nadie podrá ser feliz estando aislado de los demás pero si carecemos de humildad, jamás podremos relacionarnos bien con nuestro prójimo y al final nos encontraremos en aislamiento, amargados, de mal humor e infelices.

La humildad es el fundamento de las relaciones humanas sanas porque mantiene a cada persona dentro de una relación honesta, respetuosa y tranquila. Cuando uno descubre la humildad descubre quién es y cuál el significado de su vida. Experimentará gozo y estará satisfecho con lo que la vida le brinda sin pensar que merece más que sus semejantes.

Un verdadero cristiano buscará ser humilde y con la ayuda de Dios, reconocerá que Dios nos formó a todos en igualdad, de la misma sustancia de la tierra y que dio su vida por cada uno de nosotros por igual.

La humildad sólo se consigue con la oración constante de todos los días. Es un don que Dios premia a los que se esfuerzan diariamente en este acto espiritual. Cualquier oración es válida para conseguir humildad, si se hace con el corazón y con el alma.
Recuerda que el diablo intentará por todos lo medios a que te alejes de la oración.
El sabe lo muy importante que es rezar, y por esta causa no descansará hasta verte lejos de la meditación y la oración y te confundirá y te hará dudar de su eficacia y de su valor espiritual.
Es más el diablo intentará poner alguna enemistad entre tí. Cuanto más uno reza, más se irrita el diablo, y más te perseguirá.
La persecusión será de acuerdo al grado a que reces.
Dios no permitirá más persecución del que puedas soportar.

¿Porque Dios permite que el diablo me persiga?

Dios le permite hasta cierto punto para fortalecer tu espíritu y lo termines venciendo. Recuerda que Dios se aprovecha del diablo y lo utiliza para tu propio bien espiritual. Dios siempre, siempre, termina ganando, y esto lo sabe el diablo, por consiguiente su irritación es aún mayor. Tu galardón será extraordinario en Cielo, si lo vences y será para toda la eternidad!.

El Santo Rosario diario es un medio importantísimo para conseguir humildad, nuestra Madre Santísima aplastó la cabeza de la serpiente, el diablo, y nos llenará de dones espirituales, entre ellos la humildad y el amor por la oración.

Las letanías de la Preciosísima Sangre de Jesús y Letanías del Rosario están indulgenciadas y llenas de dones espirituales para alcanzar humildad y amor a Dios y a la Virgen Santísima.

Recuerda que María prometió que los devotos del Santo Rosario gozarán de una gloria extraordinaria en el Cielo, la misma gloria de los santos en vida y los mártires.

Recuerda también que Jesucristo prometió que los devotos del Vía Crucis, obtendrán en el Cielo una bendición y una gloria especial que los acompañará por toda la eternidad!.

LA FELICIDAD QUE NUNCA TERMINA

He aquí un resumen de lo que la Iglesia Católica enseña acerca de la felicidad celestial que recibirán los habitantes del cielo:
Los que mueren en la gracia de Dios, tras la purificación en el purgatorio (recordar que todos tendremos que pasar por el purgatorio algunos por un corto tiempo, otros por un tiempo más prolongado, aun los que viven en santidad se ofrecen a pasar por el purgatorio para consolar a todos aquellos que más sufren) tendrán la verdadera dicha de vivir con Cristo para siempre.

Ellos ven a Dios tal como es, cara a cara. Esta comunión de vida y amor con la Santísima Trinidad, la Virgen María, los ángeles y todos los bienaventurados celestiales. Este es el objeto último de los más profundos deseos humanos y el estado de felicidad suprema. En el cielo, los hombres viven con y en Cristo, conservando su verdadera identidad.

Por su muerte y resurrección, Jesucristo abrió el Cielo para todos los que elijan aceptarlo, reconocerlo como el Hijo de Dios y único Salvador de la humanidad. Las buenas personas se beneficien plenamente de la redención de Cristo. Los que han creído en él y han permanecido fieles llegan a ser partícipes en su gloria. El cielo es una comunidad de todos los que han vivido en Cristo.

VISIÓN BEATÍFICA

Dios es el objeto principal de la mente del ser humano y la voluntad en el Cielo. Una vez allí, los habitantes de Cielo reciben la "visión beatífica", la capacidad de ver a Dios en toda su gloria y magnificiencia. El objeto secundario de la visión beatífica es el conocimiento y el amor de las personas a quienes los cristianos han conocido en la tierra.

Los teólogos de la Iglesia enseñan que no es una actividad corporal, la visión beatífica no requiere de los sentidos y la imaginación. La visión beatífica y el amor son las actividades de las facultades espirituales de todo ser humano.

El ser humano necesita una mayor dignificación y el fortalecimiento de sus facultades espirituales, superiores a las virtudes de la esperanza y de la fe, a gozar de la visión beatífica. Lumen gloriae, la luz de la gloria, es el nombre dado al ennoblecimiento permanente del intelecto por el cual el ser humano puede unirse con la Trinidad en la visión beatífica.

UN ESTADO DE FELICIDAD

Los teólogos hablan del Cielo como el estado de felicidad. Explican que existimos para dar gloria a Dios y para encontrar nuestra felicidad, pero encontramos nuestra felicidad sólo en dar gloria a Dios. En el Cielo, los miembros del Cuerpo Místico de Cristo, glorifiquen a Dios por su participación en la gloria de Cristo - es sólo en Cristo que ellos pueden hacerlo. Cristo es el Templo donde el Padre Dios está perfectamente unido y el cielo es su santuario.

Porque Cristo y María están glorificados en cuerpo, y porque un cuerpo requiere un lugar donde habitar, la tradición de la Iglesia sigue la Escritura en la que enseñanza de que el Cielo es un lugar. Cómo funciona el cielo es un misterio.
Es mucho más allá de lo que el ser humano puede comprender, por lo que las escrituras lo describen en las imágenes que el ser humano puede relacionarlo con: la vida, la luz, la paz, el banquete de bodas, el vino del reino, la casa del Padre, la Jerusalén celeste, el paraíso, el poder, la gloria, la felicidad eterna, etc.

Sin embargo, todo esto existirá en el más pleno sentido sólo después de la Parusía, es decir, cuando todos los que se salvan, recuperaran sus cuerpos originales, los mismo que tuvieron aquí en la tierra.

El elemento esencial en el estado de la gloria celestial es la unión con la Santísima Trinidad en la mente y el corazón, dando lugar a la alegría beatífica. Los que mueren en estado de gracia poseen gloria esencial, tan pronto como se haya completado su purificación. Sin embargo, la plenitud de la gloria vendrá a ellos cuando reciban de vuelta sus cuerpos glorificados después de la Segunda Venida de Jesucristo.

La teología enseña que Dios ha destinado al ser humano para la felicidad eterna. Este es su fin último, obtener la felicidad.
Por lo tanto, el Cielo tiene que llevar al ser humano a un estado de felicidad perfecta. La preocupación aquí no es la satisfacción física, la verdadera alegría está asociada con el cumplimiento de las nobles aspiraciones del alma.

Desde siempre se ha destinado a la unión sobrenatural con Dios, el ser humano no tiene el destino que no sea el sobrenatural.
De este modo, su última felicidad es la unión con Dios. Dios es el objeto primario de la visión beatífica. Sólo Dios es capaz de satisfacer el intelecto humano y angélico hecha por la posesión de la verdad, sólo Dios es capaz de satisfacer los deseos del corazón humano o voluntad angélica. Sin Dios no existe la felicidad, sin Dios la existencia en un caos, un estado de agonía, de permanente dolor y sufrimiento. Ése es el estado de los habitantes del infierno.

La perfección infinita de la Santísima Trinidad y el amor infinito de Dios proporcionan a todos los habitantes del Cielo una satisfacción que nunca se termina. Esta felicidad no es para nada aburrida porque no se mezcla con el placer material, el cual, por su naturaleza, no puede durar. La felicidad del Cielo es permanente e infinito, no puede haber una ansiedad que va a disminuir o desaparecer.

LA GLORIA DE UN CUERPO NUEVO

Esto varía de una persona a otra, en correspondencia con el estado de la unión del individuo con Dios en el momento de la muerte. Es muy importante, si se está en agonía o enfermo, solicitar un sacerdote para la administración de los santos óleos, es muy importante que la persona lo reciba estando consiente, que sepa lo que va a recibir.

Los mártires, las vírgenes, los castos, los laicos entregados a Dios, y los maestros de la fe reciben una marca especial, un halo que denota su dedicación a Cristo y su obra durante su vida aquí en la tierra.

Todos los salvados disfrutan de la compañía de los elegidos - es decir, cada uno de los bienaventurados se deleita en los demás, incluyendo la Virgen Santísima, los ángeles y los santos. Así como vivieron en la tierra obtendrán afinidades con algunos de los bienaventurados, siempre habrá pleno acuerdo del espíritu entre todos.

Luego vendrá la Resurrección, o la restauración, del cuerpo. Los bienaventurados en el cielo tendrán los mismos cuerpos que tuvieron en la tierra, sin embargo, estos cuerpos tendrán características especiales, incluyendo las siguientes:

Esplendor: tendrán un resplandor sobrenatural los cuerpos y los hará hermosos a la vista.

Agilidad: le permitirá al cuerpo glorificado moverse a través del espacio en un instante, con una movilidad increíble.

Sutileza: La subordinación completa del cuerpo al alma, por lo que ambos estarán perfectamente integrados.

Impasibilidad: El cuerpo glorificado ya no sufre, y no necesita comer ni dormir para conservarse, ya que no sufre ningún desgaste.

La renovación del mundo junto con la restauración del cuerpo, se completa con la salvación dentro del plan de Dios. El universo renovado es la glorificación definitiva de Cristo y contribuye a la felicidad eterna de los bienaventurados del Cielo.

Algunas partes han sido tomadas de William C. Nichols. Corregida y aumentada.

Frases y Dichos


La soledad mata más personas en el mundo que la enfermedad más infecciosa. (A. Fleming)

Grabad esto en vuestro corazón y en vuestra mente, cada día es el mejor del año. (Emerson)

¿Qué diferencia hay entre una persona buena y una mala? Que la mala ejerce toda su maldad y la buena no la ejerce.(Catón)

¿Dijistéis media verdad? Dirán que mientes dos veces si dices la otra mitad. (A. Machado)

Cuando una persona se olvida lo que va a decir, no es viejo, es porque está en la edad de la sabiduría. (Alexandri)

Aquellos que no recuerdan el pasado están condenados a repetirlo. (Santayana)

Entre más digas, menos escucha la gente. En pocas palabras hay gran provecho.(Fenelón)

Lee los libros buenos primero; lo más seguro es que no alcances a leerlos todos. (Thoreau)

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Que hermoso lo que has escrito sobre las glorias de cielo, sobre el final, me ha impactado tanto que me siento distinta. muchas gracias y saludos desde Roma, Italia. C.A.T.

Anónimo dijo...

Hola soy orestes de república Dominicana, tengo el agrado de saludarte y felicitarte por el blog he leido casi todos tus posts, me han hecho pensar y cambiar de idea sobre muchas cosas en materia de religión. saludos sigue asi, hasta pronto.
Muchas gracias por acordarte de nuestra virgencita.