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1 de abril de 2013

El Padrenuestro.

La Confesión, un bien espiritual.--->
<---El sufrimiento físico y la agonía de Jesús en la cruz.


El ser humano necesita de la oración como el pan cotidiano, quien reza se fortalece espiritualmente y alcanza límites inesperados e incomprensibles para todos aquellos que no rezan. Las oraciones que se aprenden desde la niñez se llevan en la mente toda la vida y las que se enseñan con amor, difícilmente se olviden aunque las practiquen de vez en cuando.

Un día, Jesús estaba orando en cierto lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: "Señor, enséñanos a orar, así como Juan enseñó a sus discípulos". Él les dijo entonces: "Cuando oren, digan:

Padre nuestro, que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre; venga tu Reino; hágase tu Voluntad así en la tierra como en el cielo. Nuestro pan cotidiano dánosle hoy; y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores; y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal.
Mateo 6:9-13, Biblia de Jerusalén.

Jesús dio a conocer un modelo de oración y desplegó todo un conocimiento en lo que les iba a enseñar.
La oración que maravillaría a todos los creyentes el "Padrenuestro" y es debido a que El mismo Jesús nos la ha enseñado. El Padrenuestro fue predicado cuidadosamente por Jesús con ciertos fines muy precisos. Jesús lo enseñó para trazarnos un camino certero hacia Dios, mediante esta oración el ser humano, alaba a Dios, y exalta su Poderío.

Por ello debemos rezarlo inteligentemente, porque en cada frase, Dios se manifiesta a nosotros, y nos muestra cuánto nos ama y todo lo que ha hecho por nosotros.
Si se hace de corazón, es una fórmula compacta para desarrollar el alma y elevar el espíritu más cerca de Dios y de su creación, siendo el camino la oración a partir del cual, el alma es lo único que importa. El Padrenuestro está preparado para ayudar a ese cambio, se debe darle el mayor interés, pues en esta oración Dios quiere decirnos muchas cosas en pocas palabras.

Jesús compuso la oración de tal manera que pasaría a través de los siglos sin sufrir alteración. El Padre Nuestro se divide naturalmente en siete cláusulas. El número siete en la época de Jesús simboliza la perfección del alma individual.
La oración del Padrenuestro se divide en varias partes: una primera parte está relacionada con "Dios", es decir, con su nombre, su reino y su voluntad. Una segunda parte concierne a nuestras necesidades: El alimento, el perdón y la protección.

Ese orden es importante, primero está Dios, se manifiesta, se presenta a nosotros . Es lógica razón que Dios debe ocupar el primer lugar en nuestros pensamientos y deseos. Dios debe ser el primero en nuestra vida, nuestro primer pensamiento del día debe estar dirigido hacia Dios-Padre o Dios-Hijo, entonces nuestro día, con todo sus problemas será una carga liviana de llevar.

En los dos evangelios, es Jesús quien enseña el Padrenuestro a sus discípulos para enseñarles el modo correcto de orar. El relato evangélico parece indicar que sus seguidores tuvieron una completa confianza en sus enseñanzas. Se debe recordar que la religiosidad judía era muy rígida y tenía ritos y oraciones muy precisos. La relación con el Ser Eterno, que según sus creencias regía todo lo que existe, era algo muy delicado y por eso le piden a Jesús que les enseñe el modo correcto de dirigirse a Él; pues de acuerdo a ellos, sólo una persona muy cercana a Dios podría conocer la manera correcta de hablarle, siendo Jesús esa persona para ellos.
Con la oración que les enseña, Jesús trata de romper con las actitudes que alejaban al hombre de Dios, y busca una sencillez que facilite el diálogo con ese Absoluto que Jesús llamó Padre.

Hay dos versiones del Padrenuestro. La primera nos la transmite San Mateo, y consta de una invocación y siete (7) peticiones, y la segunda nos la transmite San Lucas y consta de una invocación y cinco (5) peticiones. La tradición de la Iglesia ha conservado el texto de San Mateo.

Santo Tomás de Aquino dice sobre el Padrenuestro: “La Oración dominical es la más perfecta de las Oraciones.
En ella no sólo pedimos todo lo que podemos desear con rectitud sino además según el orden en que conviene desearlo. De modo que esta oración no sólo nos enseña a pedir, sino que también forma toda nuestra afectividad”
(Santo Tomás de Aquino, citado por el Catecismo de la Iglesia Católica N. 2763).

El Padrenuestro es la oración por excelencia de la Iglesia, y como tal forma parte integrante de la Liturgia de las Horas, y de los Sacramentos de Iniciación: Bautismo, Confirmación y Eucaristía.

EL PADRENUESTRO

El Padre nuestro o Padrenuestro según los escritos, ambas formas están consideradas correctas, (del latín, Pater Noster) es el nombre de una oración cristiana dada a conocer por Jesús de Nazaret según relatan los evangelios de Mateo (Mt 6:9-13) y de Lucas (Lc 11:1-4). De la diferencia en la descripción de las circunstancias y en el estilo del texto de la oración en los dos evangelistas, derivan las diferentes versiones existentes para cada confesión cristiana, llevando a todas a una misma conclusión.

El Padrenuestro es considerado la oración cristiana común por excelencia por las confesiones mayoritarias de fe: para el Catecismo de la Iglesia Católica y los protestantes es el modelo de oración cristiana, por ser Jesús el Hijo de Dios su propio autor y la oración más perfecta escrito por siglos, según los ortodoxos.

El episodio del Sermón del Monte o de la montaña en el que, según el Evangelio de Mateo, Jesús de Nazaret dio a conocer el texto en el que se basa la oración del Padrenuestro. Los evangelios fueron escritos en una forma dialectal del griego, la koiné, llamado también griego alejandrino, helenístico, común o griego del Nuevo Testamento.
La koiné era la lingua franca o lengua internacional del Mediterráneo oriental desde el período helenístico.
Todos los textos del Nuevo Testamento se escribieron utilizando la koiné, que fue también la lengua de la difusión del cristianismo. La palabra griego se utiliza reiteradamente para referirse a los gentiles en el Nuevo Testamento.

VERSIÓN ACTUAL DEL PADRENUESTRO.

Padre nuestro,
que estás en los cielos,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu Reino;
hágase tu Voluntad en la tierra como en el cielo.
El pan nuestro de cada día dánoslo hoy;
y perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden;
y no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.

BIBLIA DE JERUSALÉN

Padre nuestro,
que estás en los cielos,
santificado sea tu Nombre;
venga tu Reino;
hágase tu Voluntad así en la tierra como en el cielo.
Nuestro pan cotidiano dánosle hoy;
y perdónanos nuestras deudas,
así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores;
y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal.

PADRE NUESTRO;

Jesús nos reveló que Dios es Padre y que nosotros, y que todos los seres humanos, de todas las épocas y de todos los lugares, somos sus hijos. “Y nadie conoce bien al Hijo sino el Padre, ni al Padre lo conoce bien nadie, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar” (Mateo 11, 27).
Nuestro Padre, el que nos da la vida; este reconocimiento abre una nueva relación con Dios, la de llamarle Padre, los cristianos podemos llamar Padre a Dios, y le reconocemos como tal, que es Nuestro Padre. Es el gran paso que debemos dar, el de hacernos sus hijos, por haber asimilado la dependencia de Él y aceptar Su provisión de salvación eterna, a Jesucristo único salvador y Señor de todo lo que existe.

Cuando llamamos a Dios Padre, nos unimos íntimamente a Jesús, su Hijo, que se hizo nuestro hermano y al Espíritu Santo que ilumina nuestro corazón con su luz y nos permite conocer la grandeza de la paternidad de Dios que nos ama más que nadie, ha hecho cosas por nuestro bien, y como si fuera poco nos espera en el Cielo, con maravillas que, ni ojo vió, ni oido oyó, lo que Dios tiene preparado para aquellos que le aman.

Pero Dios no es sólo “Padre mío”, “Mi Padre”, sino también y muy particularmente, “Padre Nuestro”, “Padre de todos, sin distinción”, de los blancos, los negros y los amarillos, Padre de los ricos y los pobres, Padre de los hombres y de las mujeres, Padre de los niños, de los jóvenes, los adultos y los ancianos, Padre de los sabios y de los ignorantes, Padre de los inteligentes y de los tontos, Padre de los que lo conocen y creen en El, y Padre también de los no creyentes, de los que lo injurian y de los que lo ofenden y desprecian.

Dios es Padre y Madre de todos, sin distinciones de ninguna clase; un Padre amoroso, tierno, cariñoso, bondadoso, que quiere siempre el bien de sus hijos y que no escatima esfuerzo alguno para darnos la verdadera felicidad; y si alguna vez atravesamos una dolorosa dificultad, es para corregirnos y que saquemos una enseñanza de ése dolor.
Un Padre fiel, compasivo, misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad; un Padre como Él no hay otro.

QUE ESTAS EN LOS CIELOS;

Dios Padre, nuestro Padre, "vive en el cielo", "más allá de todo", "por encima de todo", un misterio para nuestra mente pero una certeza para nuestro corazón. Es Santo, y su santidad lo eleva por encima de la tierra, pero quiere habitar en el corazón del hombre, que es malo, egoísta y pecador; sin embargo y a pesar de eso, en su justicia y rectitud, Dios lo ama con un amor tan puro, que traspasa toda inteligencia y comprensión.

Si somos hijos de Dios y nuestro Padre habita en los Cielos, es para nosotros un compromiso permanente, un compromiso de vida que nos exige estar siempre en actitud de conversión, dispuestos a luchar contra los males de este mundo con todas nuestras fuerzas, y a obrar el bien para exaltar la bondad y el amor de Dios.

Al conocer que nuestro Padre habita en los Cielos, debe hacer crecer en nosotros el deseo profundo y firme de asemejarnos a El, y fortalecer nuestro corazón humilde y confiado, haciéndonos como niños, debemos confiar en su ayuda, debemos correr a sus brazos para protegernos cuando nos llegue el dolor y el sufrimiento: “Si no cambian y se hacen como los niños, no entrarán en el Reino de los Cielos” (Mateo 18, 3).

Que está en los cielos, en la región que no se ve, hacia arriba, la espiritual. El Padre es el que nos educa, nos guía, nuestro amigo, nuestro protector, Tú eres el Buen Padre que ama a sus hijos.

SANTIFICADO SEA TU NOMBRE;

La santidad de Dios es su misterio eterno, de la cual no podremos nunca entender con nuestra pequeñez de seres humanos, pero una vez dejado el cuerpo, y en espíritu todo, en un abrir y cerrar de ojos, comprenderemos todo, veremos y sabremos todo sobre Dios.

Los profetas alaban el nombre de Yahvé (Dios) y lo llaman Santo, Santo, Santo, porque es justo así llamarlo

Dios es Santo, el Santo de los santos, y así lo reconocemos sus hijos, que hemos sido llamados por El a la santidad: “Sean santos, porque yo, Yahvé, su Dios, soy Santo” (Levítico 19, 2).
Lo que de El se manifiesta en la creación y en la historia, su Gloria, su Majestad: “Santo, Santo, Santo, Yahvé llena está toda la tierra de tu gloria” (Isaías 6,3).

Y el uno al otro de la tierra daba voces, diciendo: Santo, Santo, Santo, es el SEÑOR de los ejércitos, llena está toda la tierra de su gloria, Hosanna en el Cielo. Isaías 6:3.
Alaben tu nombre grande y temible; El es santo. (salmos:99-3)

Y los cuatro seres vivientes, cada uno de ellos con seis alas, estaban llenos de ojos alrededor y por dentro, y día y noche no cesaban de decir: SANTO, SANTO, SANTO, es EL SEÑOR DIOS, EL TODOPODEROSO, el que era, el que es y el que ha de venir. (Apocalipsis: 4:8).

Por el Bautismo hemos sido santificados en el Nombre de Jesús y en el Espíritu Santo, y somos llamados a santificar en nosotros y por nosotros el Nombre de Dios, su Persona, en todo el mundo, es decir, a darlo a conocer, a manifestarlo, a hacerlo presente en medio de los hombres, por nuestra vida, por nuestras obras.

San Pedro Crisólogo nos dice sobre esto: Pedimos a Dios santificar su nombre porque El salva y santifica a toda la creación por medio de su santidad… Se trata del Nombre que da la salvación al mundo perdido, pero nosotros pedimos que este Nombre de Dios sea santificado en nosotros por nuestra vida. Porque si nosotros vivimos bien, el Nombre divino es bendecido; pero si vivimos mal es blasfemado, según las palabras del apóstol: "el Nombre de Dios por vuestra causa es blasfemado entre las naciones" (Romanos 2, 24).

Por tanto, rogamos para merecer tener en nuestras almas tanta santidad como santo es el Nombre de nuestro Dios.
(San Pedro Crisólogo, citado por el Catecismo de la Iglesia Católica N. 2814).

Tu nombre contiene toda la plenitud de la Deidad, por lo tanto no será empleado en vano el hablar de Tí, y no blasfemar, ya que Tú eres santo, no hablaré de mi intimidad contigo con aquellos que no santifiquen tu nombre. Santificar significa apartar, en este caso apartar de la conversación mundana, darle la Gloria a Yahvé.

VENGA A NOSOTROS TU REINO;

Cuando Jesús empezó a predicar, decía: “El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; conviértanse y crean en la Buena Nueva” (Marcos 1, 15). El Reino de Dios es la presencia y la acción de Dios en el mundo, su “soberanía”, la manifestación plena de su gloria, de su poder de Dios, su victoria definitiva contra el mal y el pecado: “El Reino de Dios es justicia y paz, y gozo en el Espíritu Santo” (Romanos 14, 17).

Con Jesús llegó al mundo el Reino de Dios, prometido y anunciado por los Profetas, y con su Muerte y su Resurrección se consumó la primera gran etapa de la Historia de la Salvación; el Reino de Dios está entre nosotros, vive entre nosotros, pero aún no ha alcanzado su plenitud. El Reino de Dios llegará a su plenitud y culminación, al final de los tiempos, cuando Jesús regrese y entregue a su Padre el Universo entero, libre del mal y del pecado.
Cuando rezamos el Padrenuestro pedimos a Dios Padre, Dueño y Señor del mundo y de la historia, que Jesús vuelva pronto: “Marana Tha; ¡Ven Señor Jesús!” y anunciamos la venida gloriosa del Reino de Dios, donde hará plena justicia con cada uno de nosotros y según sus obras nadie quedará sin recompensa. Dios es Justo y su justicia se verán en todos los confines de la tierra.

¿Qué otra cosa anhelamos más los seres humanos de fe y confianza en Dios, sino que se establezca su mundo, como Rey visible y que impere el orden, la hermandad y el amor?

No obstante lo anterior, entre nosotros ya está el reino de Dios, cuando los seres humanos nos congregamos en espíritu y en verdad, ya que entre aquellos que de verdad han recibido a Cristo como Rey de sus vidas, no hay temor, sino la Paz de Dios. También debemos resaltar que hay una gran cantidad de pueblo de Dios que aún no han recibido la fe en Cristo en sus religiones, pero ellos son también la tierra prometida donde Cristo, que es el Salvador universal, reinará en breve y se manifestará en todas las religiones.

HÁGASE TU VOLUNTAD EN LA TIERRA COMO EN EL CIELO;

Jesús buscaba siempre y en todo, hacer la Voluntad de Dios, por eso decía a los apóstoles: “Mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado, y llevar a cabo su obra” (Juan 4, 34); “Yo hago siempre lo que le agrada a El” (Juan 8, 29), y en Getsemaní, muy próximo ya a su pasión, en medio del sufrimiento, oraba sumido en la agonía: “Padre, si quieres, aparta de mí esta copa, pero; pero no se haga mi voluntad sino la tuya” (Lucas 22, 42).

Pero, ¿cuál es la Voluntad de Dios?

El apóstol San Pablo nos dice en su Primera Carta a Timoteo: la Voluntad de Dios es “que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad” (1 Timoteo 2, 3-4).
Todo en Dios, todo lo que Dios hace, confluye en esto: la salvación de los hombres, de todos los hombres, de la humanidad entera, y no importa el costo, está dispuesto a todo con tal de conseguirlo, por eso no escatima esfuerzo alguno, y envía al mundo a su Hijo Jesús, como Salvador.

Vemos entonces que Dios Padre desea ardientemente que todos los seres humanos se salven, y nos convoca a todos los creyentes a rezar y a hacer todo lo que está a nuestro alcance para salvar a toda la humanidad, sin distinción alguna entre nosotros. Quizás donde vives hay personas que a tí no te agradan, te disgustan, no te gusta como actúan, como piensan, como viven. Pero piensa que ellos también deben salvarse, ésa la voluntad del Padre.
Por esta importantísima razón debemos rezar para la conversión y la salvación de toda la humanidad, no importa cuanto tiempo, nosotros debemos rezar siempre por todos, Dios ya hará lo suyo.

Con su vida y con su palabra, Jesús, se hace presente en el mundo, realiza la Voluntad de Dios y trabaja incansablemente para que esa Voluntad se haga realidad, para que la Salvación llegue a todos los rincones de la tierra; es por eso que nos comunica su mayor deseo, un deseo que puesto por obra, llena al mundo de Dios;
ese deseo de Jesús es que todos los hombres vivamos como hermanos el Mandamiento Nuevo del Amor: “Les doy un mandamiento nuevo: que se amen los unos a los otros, como yo los he amado (Juan 13, 34).

Buscar en todo la Voluntad de Dios para con nosotros y para el mundo, y vivir el Mandamiento del Amor, unidos a Jesús y con la fuerza que nos comunica el Espíritu Santo, en las diversas situaciones y circunstancias de nuestra vida, es nuestro compromiso de cristianos, hijos de Dios, nuestra tarea, nuestra misión. De esta manera, Dios Padre es honrado, bendecido y alabado y su Plan de Salvación se hace realidad presente y actuante en el mundo.

Al decir que pidamos que se haga Su voluntad, la cual se hará indudablemente, hay algo más importante para Dios: que nosotros aceptemos Su voluntad; muchas veces la voluntad de Dios en nosotros, no es de nuestro agrado.
Pero si confiamos en Dios, tendremos las respuestas en nuestras vidas y aprenderemos el buen camino.
Al querer hacer la voluntad de Dios, nuestro mayor enemigo procurará por todos los medios que seamos tentados para Muchas veces nos oponemos a Dios; ya que la carne es débil, pero Jesucristo no nos deja desamparados ningún día de nuestra vida, Él desea que pidamos su ayuda, que no caminemos solos.

Nosotros no conocemos las cosas que nos convienen, ya que nuestra visión de la vida es parcial y limitada a nuestros conocimientos y circunstancias, mas Dios, desde lo alto en su omnipresencia, todo lo sabe... en Él somos y en el vivimos... puede ver más allá de nuestros conocimiento y además conoce la historia y su repercusión en las vidas de cada uno, de los 7 mil millones de habitantes del mundo de hoy.

En la vida de todo ser humano siempre hay dificultades y problemas a vencer diariamente, Dios tiene la solución a todos nuestros problemas, solo se debe confiar en Dios, contarles nuestros pesares no importa cuan grandes son las situaciones que atravesamos, con Dios todo es posible, sin Dios no hay posibles.
Este mundo no es el reino de Dios, sino el reino del maligno, el infierno, donde hay sufrimiento, y el engaño de la vanidad, por lo tanto caminemos de la mano de nuestro Salvador. Hágase siempre Su voluntad.

EL PAN NUESTRO DE CADA DÍA, DÁNOSLO HOY;

Decir a Dios Padre “Danos”, es reconocer en Dios su bondad y su amor para con nosotros, sus hijos, y solidarizarnos con los todos seres humanos que hay en el mundo, sus necesidades y sus sufrimientos. Es reconocer la Providencia de Dios, que “Hace salir el sol sobre malos y buenos y llover sobre justos e injustos” (Mateo 5, 45).

“Nuestro pan de cada día”, es decir, el alimento necesario para la vida y los bienes materiales y espirituales convenientes. Dios Padre providente, sabe darnos lo que necesitamos en el momento en que lo necesitamos:
“No anden, pues, preocupados diciendo: ¿Qué vamos a comer?, ¿qué vamos a beber, ¿con qué vamos a vestirnos?
Que por todas esas cosas se afanan los gentiles; pues ya sabe su padre celestial que tienen necesidad de todo eso. Busquen primero su reino y su justicia, y todas esas cosas se les darán por añadidura.
Así que no se preocupen del mañana: el mañana se preocupará de sí mismo. Cada día tiene bastante con su propio afán” (Mateo 6,31-34).

Pedir a Dios el pan de cada día nos exige solidarizarnos con los millones de seres humanos que sufren toda clase de necesidades, por la injusticia de quienes se apropian de los bienes del mundo. Es sentir como propia la carencia de alimento, vestido, vivienda, educación, salud, trabajo, de millones de personas en el mundo. Por el enorme pecado de los países con mayor recurso, donde diariamente se tira a la basura kilos y kilos de alimento.

Pero además del “pan físico”, pedimos también a Dios, el “pan espiritual”, el “pan” de su Palabra y el “pan” de su Cuerpo y su Sangre en la Eucaristía. Sin este “pan” no podemos vivir, crecer y desarrollarnos como cristianos, porque “No sólo de pan vive el hombre, sino que el hombre vive de todo lo que sale de la boca de Dios” (Deuteronomio 8,3; Mateo 4,4).

Nuestra tarea como hijos de Dios incluye como algo fundamental, el anuncio de la Buena Noticia de la Salvación, por todos los rincones de la tierra, que sufre hambre no sólo de pan y de agua, sino también y muy especialmente, hambre y sed de la Palabra de Dios y de la Eucaristía, Jesús nos llama diariamente a alimentarnos espiritualmente: “Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí no tendrá hambre, y el que crea en mí, nunca tendrá sed” (Juan 6, 35).
Cada día de nuestra vida es importante, y cualquier día es una oportunidad para descubrir muchas cosas. Hoy podemos descubrir a Jesús que dice que Él es el pan de vida; cuando pedimos nuestro pan de cada día estamos pidiéndole a Cristo que esté con nosotros ese día, intimidad con Él, que encontremos a personas que quieran aceptarle, o que ya le conozcan, que en definitiva hallemos el reino de Dios entre nosotros hasta que Él venga
. El otro pan, el sustento necesario nos vendrá por añadidura. Cristo nos enseña lo espiritual porque es lo eterno, porque proviene de Dios. Jesucristo es el pan que vino del cielo, el verdadero maná. ...Yo soy el pan vivo...

Y PERDONA NUESTRAS OFENSAS, COMO TAMBIÉN NOSOTROS PERDONAMOS A LOS QUE NOS OFENDEN;

El Evangelio de San Mateo añade a la oración del Padrenuestro, dos versículos aclaratorios bien importantes: “Porque si ustedes perdonan a los hombres sus ofensas, les perdonará también a ustedes su Padre celestial; pero si no perdonan a los hombres, tampoco su Padre perdonará sus ofensas” (Mateo 6, 14-15).

Dios es infinitamente misericordioso y está siempre dispuesto a perdonar nuestras faltas y pecados, si estamos arrepentidos de ellos, de hecho, ya nuestros pecados han sido perdonados por el Sacrificio salvador de Jesús en la cruz, pero exige de nosotros también el perdón para quienes nos ofenden; Dios es misericordioso y quiere que nosotros también lo seamos, que perdonemos, que olvidemos las faltas que cometen contra nosotros, así como Jesús perdona y olvida los pecados que nosotros cometemos contra El:
“Sean misericordiosos, como su Padre es misericordioso” (Lucas 6, 36);
“Misericordia quiero y no sacrificios” (Oseas 6, 6);
“Pues habrá un juicio sin misericordia para quien no practicó misericordia: la misericordia triunfa sobre el juicio”(Santiago 2, 13).

Ser cristianos de verdad, seguidores de Jesús, implica no sólo haber recibido el Bautismo, sino también y muy particularmente, hacer realidad en nuestra vida el Mandamiento del Amor, que incluye el Amor a Dios sobre todas las cosas, el Amor a los demás como nos amamos a nosotros mismos, y el Amor a los enemigos, compartiendo así:
“los mismos sentimientos de Jesús” (Filipenses 2, 5);
como dice el apóstol San Pablo en su Carta a los Efesios: “Todo mal carácter, ira, cólera, gritos, maldiciones y cualquier clase de maldad, desaparezca de entre ustedes. Sean más bien buenos entre ustedes, entrañables, perdonándose mutuamente como los perdonó Dios en Cristo” (Efesios 5, 31-32).

El perdón no tiene límite ni medida, hay que perdonar siempre y hay que perdonarlo todo, como Dios nos perdona. No hay excusa válida para no perdonar. Quien perdona de corazón, en el nombre de Jesús, siente una paz y un amor indescriptible, que le envuelve y llena toda su existencia, su rostro se ilumina semejante a los ángeles, y su actitud es mansa, en la dificultad siempre pide auxilio y se refugia los brazos a Dios. (Santa Teresa de los Andes)
Nuestras deudas espirituales y de amor hacia los demás, son todas las veces que no hemos llevado el Evangelio de Salvación a nuestro prójimo, sabiendo que quizá mañana ya no estarán en este mundo, de igual modo perdonamos a todos los que nos debían haber predicado antes y no lo hicieron, o los males que hemos hecho o que nos han hecho, o el bien que no hemos hecho.

Todo esto hemos de perdonar diciendo como Cristo: ...Padre, no les tengas en cuenta ese pecado porque no saben lo que hacen... Por lo tanto la diferencia entre el amor de Dios y el de los hombres radica en el don de amar a nuestros enemigos, porque si amamos solo a los que nos aman, ¿qué mérito tenemos?

Por lo tanto Dios nos perdona a nosotros antes de que nosotros perdonemos, pero nos enseña a que seamos nosotros los que luchemos por perdonar, en contra de nuestros sentimientos, como Él hace. Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.

NO NOS DEJES CAER EN LA TENTACIÓN;

En esta petición solicitamos a Dios Padre, su protección y su ayuda permanentes, para no caer en el pecado que daña nuestras relaciones con El. Como cristianos, seguidores de Jesús, estamos empeñados en la lucha entre “la carne y el Espíritu”, y queremos salir vencedores como Jesús salió vencedor del sepulcro.

Podemos ser tentados, y lo somos, pero no debemos “consentir”, porque el pecado no está en la tentación sino en el consentimiento a la tentación. Todo el mundo es tentado: los laicos, los sacerdotes, el clero, hasta el Papa.
Pero quien rechaza la tentación se hace un alma fuerte, y obtendrá un triunfo total cuando muera y rechace la tentación del demonio tratando de ganarse el alma. Recordemos que el maligno tiene permiso de Dios para tentarnos hasta el último suspiro de nuestra vida. Pero también Dios da al ser humano mayor luz para darse cuenta de que es el diablo el tentador y así rechazarlo. Si el ser humano lo rechaza, el diablo no puede hacer nada.

El apóstol Santiago nos dice al respecto cuando aceptamos pecar y no luchamos: “Cada uno es probado por su propia concupiscencia que lo arrastra y lo seduce. Después, la concupiscencia, cuando ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, una vez consumado, engendra la muerte” (Santiago 1, 14-15).

Ayudados por el Espíritu Santo, podemos vencer la tentación que nos acecha de múltiples formas y bajo mil disfraces. Como dice San Pablo: “Si viven según el Espíritu, no darán satisfacción a las obras de la carne…

Las obras de la carne son conocidas: fornicación, impureza, libertinaje, idolatría, hechicería, odios, discordia, celos, iras, rencillas, divisiones, disensiones, envidias, embriagueces, orgías y cosas semejantes, sobre las cuales los prevengo, como ya los previne…
En cambio, los frutos del Espíritu son: amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio de sí…” (Gálatas 5, 16.19-23).

La oración juega un papel fundamental en esta lucha de “la carne y del Espíritu”, para que el Espíritu salga victorioso; el ejemplo lo tenemos en Jesús, vencedor del Tentador desde el principio de su Vida Pública, y también en el combate final de su agonía en Getsemaní (cf. Mateo 4 1, 11; Mateo 26, 36-44).

El mismo lo dijo a sus apóstoles: “Velen y oren para que no caigan en tentación, porque el espíritu está dispuesto, pero la carne es débil” (Marcos 14, 38). Esta vigilancia nuestra debe prolongarse a lo largo de toda nuestra vida, hasta el final de nuestro combate aquí en la tierra, del cual no sabemos “ni el día ni la hora” (cf. Mateo 25, 13).
El maligno destructor del alma, el diablo o satanás, tratará por todos los medios a su alcance llevar al alma a la ruina eterna, y usará todos las seducciones que el ser humano posee para arrastrarlo al fondo del infierno.

San Pedro nos advierte: Sed de espíritu sobrio, estad alerta. Vuestro adversario, el diablo, anda al acecho como león rugiente, buscando a quien devorar. 1 Pedro 5:8.

Satanás nunca duerme por lo tanto, debemos estar siempre alerta, rezando y confiando siempre en Jesucristo.

Señor, te pedimos que no nos tengas que probar mas veces en las mismas cosas, que nos des el don de vivir conforme conviene, de acuerdo con tu voluntad, y que podamos abandonar las debilidades de la carne y las falsas ilusiones de la mente. Si nos metes en cosas que no podemos superar, Tú sabes que caemos, y no queremos manchar nuestros seres para que Tu obra en nosotros no sea manchada.

MAS LÍBRANOS DEL MAL O DEL MALIGNO;

Esta última petición del Padrenuestro, está contenida en la Oración Sacerdotal de Jesús, que nos transmite el Evangelio de San Juan: “No te pido que los retires del mundo, sino que los guardes del maligno” (Juan 17, 15).
El Maligno es Satanás, el Diablo “Homicida desde el principio, mentiroso y padre de la mentira” (Juan 8, 44),
que se “atraviesa” en el camino de los que buscan a Dios, y quiere a toda costa su perdición eterna.

Pedimos a Dios que nos libre del Maligno, a nosotros, a cada uno y a todos, a la Iglesia entera, en la “comunión de los santos”; pedimos también, que nos libre de todos los males causados por él en el mundo:
la injusticia, la violencia, el odio, los rencores, los asesinatos, las envidias, la soberbia, los secuestros, los maltratos, las guerras, las divisiones, las faltas contra la dignidad y el honor de las personas, etc., etc...

E imploramos de Dios, el don precioso de la paz y la gracia de la espera perseverante de la Segunda Venida de Jesús, al final de los tiempos, como dice la oración que concluye el Padrenuestro en la celebración de la Eucaristía en la Santa Misa:
“Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros días, para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo” (Misal Romano, Ordinario de la Misa).

El “AMEN” que añadimos al final, y que significa "que así sea", “así es” refrenda todo lo dicho en el Padrenuestro, y es nuestro “fíat” (ser) a las siete peticiones formuladas.
Cabe recordar que durante la misa cuando se reza el Padrenuestro no se dice Amén.
Se sobreentiende que todo lo dicho en el Padrenuestro, se cumple si o si, es una oración inspirada por Dios, por lo tanto el "que así sea", se cumplirá de todos modos.
Y además líbranos del maligno como dice en otras traducciones, de nuestro enemigo infernal, ya que Tú eres el único que tiene poder para librarnos de sus manos malignas y su obra perversa. Que lo reprendas (a satanás) y lo eches al abismo (del infierno) cada vez que me tienta y me haga caer en pecado.

Porque tuyo es el reino, ...Obviamente Te pedimos todo esto a Ti, porque el reino es Tuyo, a dónde iremos sino a Ti. Señor Tuyo es el reino y de Tu Hijo Jesucristo el Rey de reyes.

Y el poder, ...De igual modo el poder está en Tus manos y por eso Cristo, Tú, nos has enseñado a venir a Ti porque el poder está en Tu trono. No hay otro mediador, no hay otro dios, mas que el único Dios y creador y salvador.
Y la gloria, por todos los siglos. Amén. ...Tuya es la gloria y la alabanza, porque Tú eres nuestro Rey y esa gloria es de antes de la fundación del mundo, y en esa gloria se han hecho todas las cosas que se han hecho, y es eterna, por todos los siglos.
Amén.

DOXOLOGÍA FINAL

La última frase de la oración (Tuyo es el reino, el poder y la gloria por siempre Señor. Amén) recibe el nombre de doxología final.
Esta parte de la oración se reza al final en algunas ocasiones específicas. En esta partícula se manifiesta el total reconocimiento por parte del orante de que Dios es un ser absoluto y supremo que no tiene principio ni fin.
Algunos creen que es auténtica, basándose en una alabanza del Antiguo Testamento, mientras que otros afirman que se trata de un añadido posterior.

Según la doxología final surgió entre los siglos II y III de la era cristiana. Según Joachim Jeremias, era inaceptable que la oración terminara con la palabra tentación, por lo cual la Iglesia primitiva añadió para el uso litúrgico esta doxología, basándose probablemente en el texto de 1 Crónicas:29:11-13.

Algunos copistas del Nuevo Testamento fueron influidos por la liturgia (donde se incluía la doxología) y añadían, sobre todo en el texto proveniente de Mateo, la doxología final. La versión Reina-Valera es uno de los ejemplos más conocidos de traducciones bíblicas en español donde se incluye esta frase al final del Padre nuestro de Mateo.

La versión católica del Padre nuestro en castellano se basa en la versión en latín, idioma oficial de la Santa Sede, que era también la lengua utilizada durante la Edad Media para recitar el Pater Noster, incluso por las gentes menos instruidas, aunque éstas utilizaban cotidianamente la variante llamada latín vulgar.
Para una mejor difusión y comprensión de las Sagradas Escrituras, se encargó a San Jerónimo, religioso que dominaba las lenguas hebrea, aramea y griega, la adaptación de la Biblia latina que hasta entonces estaba disponible por las traducciones realizadas por varios autores, presentando diversos estilos en cada libro individual, dando origen a la versión llamada Vetus Latina o Vulgata.

El texto en castellano es el usado por el Catecismo de la Iglesia Católica. La versión en latín es la oficial (la liturgia oficial de la iglesia aún es en latín, aunque se tenga permiso para el uso de las lenguas vernáculas (S.C. n. 36.1)), comparada con el texto de la Vulgata.
Agradecimiento a: Esta es nuestra fe. Corregido y ampliado.

ANTECEDENTES DEL PADRENUESTRO

El Padrenuestro encuentra sus antecedentes inmediatos en el contexto de las tradiciones litúrgicas de la religión judía en las que estaba inmerso Jesús de Nazaret y en las que se desarrolló inicialmente el cristianismo. Jesucristo nació en Belén de Judea, antigüamente pertenecía a Palestina, desgraciadamente hoy en conflicto.
Se asocia en general tanto éstas tradiciones como las de las grandes religiones a los rituales del hombre primitivo:
«Las grandes religiones del mundo, como el cristianismo, el budismo, el islamismo, tomaron las ideas mágicas surgidas de la impotencia e ignorancia de los primitivos. Las refinaron transformándolas en los tan comunes pares de opuestos Dios-hombre... de la misma manera sus rituales religiosos imitan los rituales del médico brujo de sus tribus.»
Desde éste punto de vista, los hombres primitivos empezaron a divinizar los aspectos que no comprendían del mundo y la naturaleza y empezaron a tener dioses de la «lluvia», del «viento», del «amor». El contacto con estas fuerzas de la naturaleza divinizadas empezó a «refinarse» y se dio origen a las religiones. En el judaísmo implicó un «avance» para su tiempo, en un contexto donde la mayoría de las culturas antiguas profesaban el politeísmo, adoraban a muchos dioses, al resumir a todos los dioses en uno solo y desarrollando una liturgia donde la oración era la forma más efectiva de acercamiento.

Dentro del cristianismo, el grupo que se volvería más numeroso es el de los creyentes de origen gentil (no judío). De hecho se debe tomar en cuenta que el Nuevo Testamento fue escrito en una lengua pagana, el griego. En la actualidad los judíos consideran a todos los cristianos como gentiles, mientras en la Antigüedad eran considerados una secta judía. La herencia de los gentiles es innegable en el cristianismo.

ORACIÓN EN EL JUDAÍSMO

El judaísmo retoma el contexto religioso de la época antigua: la existencia de un solo Dios (el monoteísmo).
De forma similar al resto de pueblos, la creencia judía sostenía y creía que Dios los favorecía solamente a ellos, es decir, seguía siendo un Dios de un solo pueblo, el judaísmo. La diferencia fundamental estaba en que para los judíos todas las demás dioses que se creían en su época, eran falsos, sólo Yahvé, el Dios de los judíos existía realmente, esta creencia llegó a formar parte del "exclusivismo".

Según el judaísmo, Yahvé (Dios) creó a todos los hombres, pero escogió a Israel para ser su pueblo, y así los judíos pregonaron por siglos ostentando ser único el pueblo elegido de Dios.
Israel se comunica con Dios a través de sus profetas, siendo el más grande de todos Moisés. Así, Yahvé habría hablado cara a cara con él en reiteradas ocasiones. Se podría decir que no hubo persona con quien tuviera una relación más perfecta, pero a la vez más humilde, que Moisés.

Según los relatos bíblicos, este hijo de Israel fue el único en comunicarse con Dios directamente (los demás que lo hicieron, lo lograron a través de la mediación de ángeles). Entendiendo la oración como el diálogo con Dios, Moisés tuvo la oración más sorprendente e ideal ya que se inspiraba en el mismo Dios.

Israel es un pueblo donde la oración es uno de los puntos más importantes de su identidad. Incluso los judíos menos creyentes conocen algunas oraciones. Su contacto con Yahvé se ha caracterizado en gran medida por sus oraciones. El judaísmo llevó al cristianismo una gran parte de sus creencias, aunque transformándolas.
De hecho, el cristianismo asegura que en la figura de Jesús de Nazareth se da el cumplimiento total de sus escrituras y lo identifica como el Mesías o Cristo prometido. Jesús mismo creció dentro del contexto espiritual judío y era un judío total y de raza y esa identidad se ve claramente reflejada en la oración del Padre nuestro.

EJEMPLOS DE ORACIONES JUDÍAS

Para entender los orígenes de la oración del Padrenuestro, hemos de saber qué oraciones se recitaban dentro del judaísmo, y que los judíos debían practicarla tres veces por día, para dar cumplimiento a la religión judía.

Amidá:

literalmente significa; Parado. Llamada también la oración de las Dieciocho peticiones, es una antigua oración del judaísmo que aún hoy en día se conserva y se recita. Las Dieciocho bendiciones son doce veces más largas que la oración dominical en su versión más amplia. En esta oración El Eterno (Yahvé) se revela como alguien próximo a quien se eleva esta oración, es un Dios único, salvador, justo y misericordioso con su pueblo elegido.

Shemá Israel:

significa; Escucha Israel. El corazón de esta oración está contenido en el capítulo 6 del libro de Deuteronomio, empieza con la frase Shema Israel ("Escucha Israel, Adonai es nuestro dios, Adonai es uno"). Esta oración la deben rezar diariamente y su mensaje podría ser: a un Dios único corresponde un amor único, sin divisiones ni fisuras.
Por lo mismo se reclama a un israelita un servicio exclusivo al Señor Dios.
Jesús como un autenténtico judío tradicional la cita en Marcos 12:29-30.

Abinu Malkenu:

literalmente significa; Padre nuestro, Rey nuestro. Esta oración contiene las palabras Padre nuestro en hebreo. Se le pide al Divino que permita que las bendiciones vengan a las vidas de los hombres.
Aquí vemos que los judíos consideraban a Yahvé su Padre, no es exclusivo del catolicismo.

ESPIRITUALIDAD JUDÍA EN LA ORACIÓN DEL PADRENUESTRO

Diversas fuentes afirman que el Padre nuestro recoge una indudable herencia de la espiritualidad de la religioón judía. Por ejemplo, en el libro Rabbinic Literature and Gospel Teaching (Londres, 1930) se afirma que hay semejanzas entre la oración del Padre nuestro y oraciones tradicionales del judaísmo. Con tales comparaciones se pretendió demostrar en dicho libro que el Padre nuestro tiene una base filosófica judía. En la Liturgia para la mañana del Shabat judío, de acuerdo al uso romano se afirma:

"Padre nuestro del cielo", te deleitas en establecer tu Casa en nuestras vidas y posar Tu Presencia en las tinieblas de nuestros días.

Este texto revela que los judíos ven al Señor como su Padre, el padre de su pueblo, mensaje que viene contenido en la oración de Jesús, al recitar: Padre nuestro que estas en los cielos...

Un kadish dice lo siguiente:

Permite que tu grandioso nombre sea magnificado y "santificado". Aquí los judíos engrandecen el nombre de su Dios y le piden que los hombres lo reconozcan y glorifiquen. Este mensaje viene contenido en la primera petición de la oración del Padrenuestro.
Otro kadish dice:

Permite que "tu Reino" llene las vidas, y los días y la vida de toda la Casa de Israel muy pronto, en un futuro cercano.
El Reino de Dios es una idea que los cristianos tomaron del judaísmo y este kadish lo demostraría.

El rabí Eleazar Magno dijo también:

Cualquiera tiene un pan en la canasta y dice: ¿Qué comeré mañana? es una persona de poca fe.
El texto griego del Padre nuestro en su traducción más fiel diría danos hoy nuestro pan del mañana, lo cual concuerda con lo dicho por Eleazar el Grande.

La Amidá dice en texto por su parte:

"Perdónanos", oh Padre nuestro, porque hemos pecado, absuélvenos, Oh rey nuestro, porque hemos cometido transgresiones. La Amida demuestra el dolor o al menos el temor que el pueblo de Israel siente por sus pecados.

Samuel el Pequeño dijo:
Si tu enemigo cae, no lo disfrutes, si sale lastimado no permitas felicidad en tu corazón, pues Dios lo verá y quitará de él su ira.
El mensaje habla del amor a los enemigos. Perdonar a los que nos ofenden sería parte de ese amor.

La oración de Mar bar Rabna, datada en el siglo V (año 600) y usada en la liturgia vespertina dice:

Sé un escudo para nosotros, aparta a nuestros enemigos, la pestilencia, la espadada...
Se le pide al Dios de los judíos en esta oración que sea una protección, al igual que Jesús le pide al padre que nos libre del mal o del maligno.

El presbítero italiano Marco Adinolfi considera que el Padrenuestro pudo haber sido una oración propia del judaísmo, puesto que a lo largo de ella se sintetiza la espiritualidad judía, de forma que Jesús en el Padre nuestro dejó el mensaje más judío de toda la Biblia.

LA TORAH

Significa acometer, dar un tiro, de ahí que el significado de Torah es la guía para dar en el blanco y de ahí, se ha entendido como enseñanza, instrucción, o como ley en el mundo occidental. A decir verdad, se dice Torah por un mandamiento, o en su sentido más amplio, para designar a la totalidad de la revelación y enseñanza divina al pueblo de Israel.
Es también conocida como La Ley de Moisés, es el documento más importante de la religión judía, el cual está escrito en hebreo. La Torah está compuesta por los cinco primeros libros de la Biblia (pentateuco): Génesis, Éxodo, Levítico, Números, y Deuteronomio. Estos libros contienen los 613 mandamientos de los judíos, así como la historia de los inicios de esta religión. De acuerdo con la visión judía, las historias relatadas en este documento, están en un orden conceptual más allá que cronológico.

De acuerdo con la visión judía los contenidos de la Torah fueron revelados por Dios a Moisés en el monte Sinaí alrededor del año 1280 antes de Cristo. Según los historiadores, esta fue escrita entre los siglos V a.c. y II a.c. Existen varias interpretaciones por parte de los judíos acerca del momento en que fue revelado el libro sagrado.

La visión más radical, cree que la Torah fue revelada textualmente a Moisés palabra por palabra. La visión clásica en tanto, sostiene que fue revelada por Dios al patriarca a lo largo de toda su vida. Otra visión sostiene que fue escrita por Moisés, y que posteriormente fue continuada por Josué, quien fuera el lugarteniente de Moisés.

A pesar de todas estas interpretaciones, existe la coincidencia en la gente de religión Judía en que la Torah es de origen divino. Es interesante también exponer la visión cabalística, la cual sostiene que esta obra constituye un nombre largo de Dios, y que fue descompuesta en palabras, de manera que los hombres pudieran entenderlo.
El Génesis (En el comienzo): el primer libro de la Torah, relata el inicio de la creación del mundo por Dios, pasando por la historia de Abraham, hasta cuando los israelitas se establecen Egipto.

El Éxodo (Nombres): el segundo libro, relata la salida del pueblo judío de las tierras del faraón, el pacto de Dios con el pueblo de Israel, y las tablas de la Ley.

El Levítico (Y llamó): relata los detalles de los rituales, de la adoración a Dios, y otras leyes que deben cumplir los judíos.
El libro de los Números: constituye un relato histórico en donde se cuenta la cantidad de israelitas presentes, la ida desde el monte Sinaí hasta el Moab, y las transacciones hechas en las planicies del Moab antes de cruzar el río Jordán.

Finalmente el Deuteronomio (Palabras, cosas): relata tres discursos que fueron revelados por Dios a Moisés antes de su muerte, cuando aún los israelitas no se habían establecido en la tierra prometida.
El primero de estos discursos, enfatiza el sentido de la obediencia a Dios.
El segundo discurso, apunta a la manera en que deben comportarse los judíos en Canaan, la tierra prometida.
En el tercero discurso, se relata la fe que debe tener el pueblo con Dios, para en la posteridad poder ser recompensados con las bendiciones.

La forma en que está escrita la Torah, es en rollos de papel. Precisamente por esta forma de escritura, su contenido ha llegado a nuestros días de forma íntegra. La razón de este cuidado en conservar la originalidad, es por la creencia de que cada palabra contenida tiene un origen divino. También es frecuente encontrar los contenidos de la Torah en libros para uso individual, los que contienen tanto el texto original en hebreo, como su traducción a la lengua nativa del lector (español, inglés, francés, etc.). Pese a lo anterior, la Torah en rollos (Sefer Torah), es la realmente sagrada para la comunidad judía. Ésta se guarda en el arca, el lugar más sagrado de la sinagoga.

EL PADRENUESTRO EN LOS PRIMEROS TIEMPO DE LA IGLESIA

Debe hacerse notar que Jesús vivió en el contexto de la espiritualidad judía, que en los evangelios se cita frecuentemente a los textos sagrados del judaísmo y que Jesús, como judío, estaba sometido a la Torah o Torá.
Seguramente rezó las Dieciocho bendiciones, el Shema, el Avinu Malkenu (Padre nuestro, Rey nuestro), los Salmos o Tehilim (alabanzas en español), entre otros muchos rezos que existían dentro del corpus religioso del judaísmo.

Se puede asegurar que si el judaísmo introdujo una gran novedad en el contexto religioso de su época, el cristianismo trajo al mundo de su tiempo una nueva visión de la Divinidad. Para el cristianismo existía un solo Dios, la de los judíos. Solo había un Dios verdadero, pero a diferencia de los judíos no era para un solo pueblo.

El Señor pasó de ser un Dios local del pueblo judío a ser un Dios universal, de ahí la palabra católico. El Dios de los cristianos se mostraba a todos los hombres que quisieran seguirlo sin distinción de su origen, raza, posesiones, solo hacía falta buena predisposición y un corazón abierto.
Según el cristianismo, el Señor Dios tenía un nuevo pueblo al que cualquier hombre de buena voluntad podía pertenecer y ese nuevo pueblo era la Iglesia. Esa es la razón por la cual diferentes denominaciones cristianas se nombran a sí mismas el Nuevo pueblo de Israel.

En un principio los primeros cristianos se consideraban a sí mismos parte del pueblo judío, oraban en las sinagogas y respetaban toda la Torá. En el primer Concilio de Jerusalén se llevó a cabo en el año 50 y es narrado en el capítulo 15 del libro Hechos de los Apóstoles. Se dice que los gentiles que abrazaban a Cristo no estaban obligados a cumplir la Torá dada al pueblo de Israel. Por ejemplo los cristianos de origen gentil no estaban obligados a circuncidarse o guardar el Shabat. A partir de este momento el cristianismo empieza a separarse gradualmente de las costumbres religiosas del judaísmo.

El Padrenuestro fue fundamental en este punto. Al separarse del judaísmo, el cristianismo tuvo que ir adquiriendo una identidad propia y el principal rasgo de la espiritualidad judía era la oración. El cristianismo tenía que buscarse su propia oración, sus propios rasgos, adquirir nuevas costumbres para no ser considerada una secta del judaísmo.

El Padrenuestro pasaría a ser el rasgo principal que diferenciaría al pueblo «nuevo» del pueblo «viejo» en este punto de la historia. La diferencia aún no estaba muy clara, entre los judíos y los primeros seguidores del cristianismo. Los primeros cristianos tenían un gran respeto por la Oración dominical. La Oración dominical no se la enseñaba a cualquiera. Su rezo constituía un privilegio que solo se otorgaba a los que ya habían recibido el bautismo.
Era lo último que se enseñaba a los catecúmenos y solo hasta la víspera de su bautismo.
Era la máxima y más preciada joya de la fe dentro del cristianismo.

Los antiguos cristianos de las Iglesias de África tomaron su profesión de la fe (quid credendum) de esta oración. Una profesión de fe es una declaración de sus creencias, un ejemplo de esto es la oración del Credo o símbolo niceno del catolicismo latino y oriental. Los que pretendían obtener el bautismo debían tener un profundo conocimiento de la oración (quid orandum).

Los catecúmenos debían de seguir detenidamente la explicación del Credo y posteriormente debían recitarlo públicamente de memoria. La transición entre estos dos pasos era el Padrenuestro. La profesión de fe en el cristianismo es una parte fundamental, pues mediante ella se declaran cuales son sus creencias fundamentales y básicas. El hecho de que las Iglesias primitivas de África lo tomaran como base para su profesión de fe, demuestra que desde los albores del cristianismo estas palabras de Jesús fueron consideradas las palabras más santas.

En la Iglesia primitiva el rezo del Padrenuestro estaba reservado para el momento más alto de la celebración que más tarde el catolicismo llamaría misa. La hacían preceder de fórmulas que señalaban su respeto. Estas fórmulas han sido heredadas por Iglesias en sus liturgias actuales: en la liturgia de la Iglesia oriental se dice como introducción:

«Dígnate, oh Señor, concedernos que gozosos y sin temeridad, nos atrevamos a invocarle a ti, Dios celestial, como a Padre, y que digamos: Padrenuestro que estas en los cielos...». En la primitiva liturgia romana el sacerdote precedía la oración con la frase: «nos atrevemos a decir», reconociendo la enorme audacia que hay en repetir palabras consideradas tan santas por el cristianismo.


EL PADRENUESTRO. REPÚBLICA DE GUATEMALA.




Dichos y Frases


La ausencia permite que el corazón se vuelva más cariñoso. (T. H. Bayly)

Ningún hombre es demasiado bueno par gobernar a otro sin su consentimiento. (Lincoln)

Los mejores momentos de mi vida han sido aquellos que he disfrutado en mi hogar en el seno de la familia. (Jefferson)

No importa si eres laico, sacerdote, obispo o Papa todos somos mundanos. (Papa Francisco)

El cultivo de la memoria es tan necesario como el alimento al cuerpo.(Cicerón)

Los ojos no sirven de nada a un cerebro ciego. (Árabe)

No hay libro tan malo del que no pueda aprenderse algo bueno. (Plinio)

1 comentario:

Anónimo dijo...

cuantas cosas dice el padrenuestro y cuanto hay que aprender.saludos desde colombia.