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1 de febrero de 2013

La Santa Misa.

El sufrimiento físico y la agonía de Jesús en la cruz--->
<---María Simma y las almas del Purgatorio.


La Santa Misa, frecuentemente denominada Misa, en el Catolicismo romano y en el Luteranismo, es el acto litúrgico dentro del cual se ofrece la Eucaristía. Su institución fue en la Última Cena de Jesús con sus apóstoles. Según el dogma católico, en la misa se renueva el sacrificio del calvario al celebrar el sacramento de la eucaristía, consagrándose el pan y el vino por medio de una fórmula sacramental que pronuncia el sacerdote celebrante, lo que produce el efecto de la transubstanciación.

Según el dogma cristiano luterano, la eucaristía es el verdadero cuerpo y la verdadera sangre de Jesucristo, entregados en el Santo Sacramento del Altar para el perdón de los pecados y fortalecimiento de la fe en Jesucristo. Los luteranos no creen en la transubstanciación, sino en la unión sacramental, que es una unión peculiar que Dios obra por las palabras de consagración en la que se unen el cuerpo y la sangre de Jesucristo al pan y al vino, así como el Espíritu Santo se une al agua del bautismo por la Palabra de Dios.

LA SANTA MISA

La Santa Misa es el Sacrificio del Cuerpo y Sangre de Jesucristo, que se ofrece sobre nuestros altares bajo las especies de pan y de vino en memoria del sacrificio que Jesús hizo al llevar su Cruz y morir por todos los seres humanos hasta el fín de los tiempos.

El mismo Cristo que se ofreció a si mismo una vez en el altar de la cruz, está presente y se ofrece en la Misa. No es otro sacrificio, no es una repetición. Es el mismo sacrificio de Jesús que se hace presente. Es una re-presentación del Calvario, memorial, aplicación de los méritos de Cristo.
Cristo está presente en el cielo y también en el altar, y se entrega todos los días al Padre como el Viernes Santo.

La Misa es un "sacrificio de propiciación": (aplaca la justicia divina por los innumerables pecados de los seres humanos desde el comienza de la humanidad).

La Misa es un "memorial": se conmemora la muerte de Jesús, pero no como un recuerdo psicológico, sino como una realidad de hecho consumado. Cristo se ofrece a si mismo tan realmente como lo hizo en el Calvario.

La Misa es un "banquete sagrado": el mismo Cristo que se ofrece, lo recibimos en la comunión (Eucaristía).

La Misa es el medio principal que Dios ha establecido para aplicar los méritos que Cristo ganó en la Cruz para toda la humanidad hasta el fin de los tiempos.

Por eso es menester asistir a la Santa Misa todos los Domingos y fiestas de guardar para poder compartir y vivir con Cristo Jesús sus infinitos méritos que es prenda de salvación para nuestras almas con un inmenso beneficio para esta vida y para la vida futura.

LA EUCARISTÍA

La Eucaristía es prenda de la gloria futura. Es la fuente, el corazón y la cumbre de toda la vida cristiana.

En ella se contiene todo el bien espiritual de la Iglesia: Jesucristo, que asocia a su Iglesia, y a todos sus miembros, a su sacrificio pascual, ofrecido una vez por todas en la cruz al Padre; y, por medio de este sacrificio, derrama la gracia de la salvación sobre su Cuerpo que es la Iglesia.

La Santa Misa y el sacrificio de la Cruz son un único sacrificio, pues se ofrece una y la misma víctima: Jesucristo. Sólo es diferente la manera de ofrecerse: Cristo se ofreció a sí mismo una vez en la cruz de manera cruenta –con derramamiento de sangre–,
mientras en la Euca­ristía se ofrece por el ministerio de los sacerdotes de modo incruento –sin derramamiento de sangre–.

Así, el sacrificio que Cristo ofreció de una vez para siempre en la cruz, permanece siempre actual. Y cuantas veces se celebra la Eucaristía, se realiza la obra de nuestra redención.
La Eucaristía es también el sacrificio de la Iglesia, porque ella es el Cuerpo de Cristo y participa del sacrificio de su Cabeza.

1°) Cristo es el representante principal e invisible que preside cada Misa como sumo sacerdote de la Nueva Alianza, intercede ante el Padre por todos los hombres para su salvación.

2°) La Iglesia se une a Cristo y se ofrece totalmente con El en la Misa

3°) La misa la celebra el obispo o el sacerdote –actuando “en per­sona de Cristo-cabeza”–, representando a Cristo, preside la asamblea, predica la homilía, recibe las ofrendas, dice la plegaria eucarís­tica, consagra y reparte la comunión.

4°) Sólo los sacerdotes válidamente ordenados pueden presidir la Eucaristía y consagrar (invocar al Espíritu Santo para que el pan se haga el Cuerpo y el vino, la Sangre de Jesucristo). Por eso la presencia del sacerdote es indispensable y esencialmente diferente.
5°). En la celebración de la Eucaristía participan todos los fieles miembros de su Cuerpo. Cada uno une en la Eucaristía su vida, su alabanza, su sufrimiento, su oración y su trabajo a los de Cristo y a su total ofrenda.

6°). También se unen en la Eucaristía la Virgen María y los santos que están ya en la gloria del cielo pidiendo por la salvación del mundo entero.

7°). En la Misa oramos por las Almas del Purgatorio para que puedan entrar en la luz de Dios y la paz de Cristo Jesús, y unirse totalmente a Ellos por toda la eternidad.



CONSAGRACIÓN

Momento importantísimo de toda la Misa, ya que el pan y el vino fruto de las manos del hombre, serán consagrados através del celebrante y revistirán el carácter divino que sólo Dios Todopoderoso puede dar. El pan se convertirá en el Santísimo Cuerpo de Jesús y el vino en la Preciosísima Sangre de Jesús.
Después de la consagración, Jesús está realmente presente en la Eucaristía:

En la consagración ocurre la “transubstanciación”, que significa “cambio de substancia” del pan y el vino a ser verdaderamente la sustancia del Cuerpo y Sangre del Señor Jesús.
La Eucaristía aun tiene la apariencia de pan y vino pero "no" es pan y vino.

Cristo está presente en la Eucaristía verdadera, real y substancialmente con todo su Cuerpo, Sangre, alma y Divinidad. Esta presencia se llama “real” porque es “substancial”, y por ella Cristo, Dios y hombre, se hace totalmente presente en la Santa Misa.

Cristo está todo entero en cada una de las especies (pan y vino) y en cada una de sus partes, de modo que la fracción del pan no divide a Cristo, que está real y permanentemente presente en la eucaristía mientras duren sin corromperse las especies eucarísticas.

En este momento tan carísimo para los todos los presentes, miles y miles de Ángeles invisibles descienden del Cielo, y junto a todos los presentes, se arrodillan para adorar a su más preciado bien, al pan de los Ángeles: "Cristo Jesús".

LA COMUNIÓN

Para recibir bien la Sagrada Comunión son necesarias tres cosas:

1. Saber a quién vamos a recibir,

2. Estar en gracia de Dios. Quien esta en pecado grave debe recibir el sacramento de la Reconciliación (la confesión) antes de acercarse a comulgar.

3. Guardar el ayuno eucarístico, que consiste en no comer ni beber nada desde una hora antes de recibir la Comunión.

Hagamos todo lo posible para poder recibir la comunión en forma bien preparada, sin apuros, y con un corazón bien dispuesto, y con mucha fe.
Jesús nos dice «En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tendréis vida en vosotros».

LA SAGRADA COMUNIÓN PRODUCE FRUTOS:

Quien recibe la Sagrada Comunión como corresponde, es merecedor de abundantes bienes espirituales que beneficiará tanto su vida temporal como su vida espiritual.

a. acrecienta nuestra unión íntima con Cristo Jesús, se estrecha un lazo indisoluble;

b. conserva, acrecienta y renueva la vida de gracia recibida en el Bautismo;

c. purifica de los pecados veniales, y nos mantiene alerta en no volver a cometerlos;

d. fortalece la caridad tanto espiritual como material con nuestros hermanos necesitados y nos preserva de futuros pecados mortales al fortalecer nuestra amistad y unión con Cristo;

e. renueva, fortalece y profundiza la unidad con toda la Santa Iglesia, y nos predispone a entender más contra los ataques que sufre el Papa y toda la grey Católica;

f. nos compromete en favor de los más pobres, los enfermos, los desahuciados, los sin fe, en los que reconocemos a Jesucristo; y se nos da la prenda de la gloria futura.

Para recibir todos los méritos disponibles es necesario participar con mucha fe nuestra vida cristiana católica. Cuanto más fe se viva la Santa Misa, mayor gloria se le ofrece a Dios y mayor la gracia que se recibe, no solo para los participantes sino para, nuestros familiares, amigos, vecinos, conocidos y toda la humanidad.

En la Santa Misa expresamos nuestra fe en la presencia real de Cristo con un comportamiento respetuoso, arrodillándonos durante la consagración en señal de adoración al Señor Jesús.
También es importante la actitud corporal (gestos, vestimenta, guarda silencio, etc…).

No olvidemos que la palabra "misa" viene del latín "missio" (enviar, ir en paz). Al final los fieles son enviados a poner en práctica la Palabra de Dios con la gracia recibida del Cielo.
Al entrar y salir del templo, cuando pasamos frente al sagrario, manifestamos nuestra fe y amor saludando a Jesucristo presente en el Sagrario con una genuflexión, hincando la rodilla derecha, en señal de respeto y adoración (se puede hacer la señal de cruz).

PARTES DE LA SANTA MISA

El Concilio de Trento reafirmó la enseñanza cristiana tradicional de que la Misa es el mismo Sacrificio del Calvario inmolado de manera incruenta: "La víctima es una y la misma cosa: el mismo ofrece ahora por el ministerio de los sacerdotes , que entonces se ofreció en la cruz; sólo el modo de ofrecerse es diferente ...
Y puesto que en este divino sacrificio que se realiza en la Misa, el mismo Cristo que se ofreció una vez de manera cruenta sobre el altar de la cruz, es contenido e inmolado de manera incruenta .. . este sacrificio es verdaderamente propiciatorio ".

El Consejo declaró que Jesús instituyó la Santa Misa en la Última Cena : "Él ofreció a Dios Padre su cuerpo y su sangre bajo las especies del pan y del vino, y, bajo los símbolos de esas mismas cosas, Él entregó (su propio cuerpo y sangre) para ser recibido por sus apóstoles, a quienes entonces constituía sacerdotes del Nuevo Testamento, y por esas palabras, haced esto en memoria de mí, Él ordenó a ellos ya sus sucesores en el sacerdocio, para ofrecer (a), e incluso como la Iglesia Católica siempre ha entendido y enseñado"

“Y he aquí que yo estoy con vosotros todos días hasta el fin del mundo”. (Mt. 28, 20) Vivamos la Eucaristía como un encuentro de amor con Cristo.

La Iglesia Católica considera que la Misa sea el modo más perfecto que tiene para ofrecer latría (adoración) a Dios. La Iglesia cree que "Los demás sacramentos, como también todos los ministerios eclesiales y las obras de apostolado, están unidos a la Eucaristía ya ella se ordenan".

También es creencia católica de que en la realidad objetiva, y no sólo simbólicamente, el pan de trigo y vino de uva se convierten en cuerpo y sangre de Cristo, una conversión a que se refiere como la transubstanciación, para que Cristo entero, en cuerpo y sangre, alma y divinidad, es verdadera, real y substancialmente presente en el sacramento de la Eucaristía, aunque las apariencias empíricas del pan y el vino son los mismos.

En sus declaraciones oficiales, la Iglesia católica no utiliza el término "accidentes", asociados a la filosofía aristotélica , sino que habla de las "apariencias" (en América, especies) y, como se muestra por ejemplo en el texto latino del Credo de Nicea , en el que se dice al Hijo el tener la misma sustancia que el Padre, la palabra "sustancia" era de uso eclesiástico durante muchos siglos antes de que la filosofía aristotélica fue adoptado en Occidente.

En su Hijo Jesús, el Cristo, Dios nos hizo el mayor regalo: nos entregó su propio corazón, es decir, lo más profundo y puro de su amor. Con su vida, Jesús nos mostró cuál es la vida que agrada a Dios: la que se abre a los demás en el servicio.

Por eso Jesús enseñó la Palabra de vida, perdonó pecados, curó enfermos, liberó a los que estaban atados por las cadenas del mal y de la muerte y alimentó a los hambrientos.
Hoy podemos experimentar de nuevo todo esto, pues Jesús sigue vivo en la Eucaristía.
Por eso, queremos invitarte hoy a vivir la Eucaristía como un encuentro de amor con Cristo, quien sólo espera que tú también le ames, porque el amor sólo con amor se paga.



LOS TEXTOS UTILIZADOS EN LA MISA

El Misal Romano contiene las oraciones , antífonas y rúbricas de las ediciones anteriores de la Misa también contenía las lecturas bíblicas, que entonces eran menos en número. La última edición del Misal Romano da a la normal ("normal") forma de la Misa en el Rito Romano.
El libro de los Evangelios , también llamado el Evangeliario, se recomienda para la lectura de los Evangelios, pero, en este libro no está disponible, el Leccionario se utiliza en su lugar.

1. RITO DE ENTRADA:

Dentro de la estructura fija se indica a continuación, las lecturas, las antífonas cantadas o recitadas durante la procesión de entrada o comunión, y los textos de las tres oraciones conocidas como el recoger, la oración sobre las ofrendas y la oración pos comunión varían cada día según el tiempo litúrgico, los días de fiesta de los títulos o los acontecimientos de la vida de Cristo, las fiestas y las conmemoraciones de los santos, o para las misas por circunstancias particulares (por ejemplo, las misas funerales, misas para la celebración de la Confirmación, Misas por la paz, comenzar el año académico, etc.)
Dios nos recibe personalmente en la Eucaristía, nos llama y nos une en comunidad con el simple y sencillo acto de la bendición.

El sacerdote entra, con un diácono , si lo hay, y monaguillos. El diácono puede llevar el libro de los Evangelios, que colocará en el altar, y los servidores pueden llevar una cruz procesional y velas e incienso. Durante esta procesión, de ordinario, el canto de entrada se canta. Si no hay canto de entrada, la antífona de entrada se recita, ya sea por parte o la totalidad de las personas o por un lector, de lo contrario lo que dice el sacerdote se . Cuando el sacerdote llega a su silla, se dirige a la asamblea en hacer la señal de la cruz, diciendo:

"En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo", el pueblo responde: "Amén". Entonces el sacerdote representa la presencia del Señor a la comunidad reunida allí por medio de la felicitación. Con este saludo y la respuesta del pueblo, el misterio de la Iglesia reunidos se manifiesta". Los saludos se derivan de las epístolas Paulinas.

“En el nombre del Padre...”. Dios se nos presenta como Padre, de Él depende nuestra existencia, nos ama y se preocupa por nosotros como el mejor de los Padres.

“...y del Hijo”: Dios nos recuerda que por amor a nosotros se hizo hombre en Jesús, el Hijo, para hacernos hijos suyos, hermanos en Cristo y enseñarnos a vivir como hijos de Dios.

“... y del Espíritu Santo”: el Espíritu es la presencia permanente de Dios con nosotros, el fuego de su amor, que nos enseña, nos consuela y nos fortalece desde nuestro propio corazón.





2. ACTO DE CONTRICCIÓN:

¡SEÑOR TEN PIEDAD!, ¡CRISTO TEN PIEDAD!

Entonces el sacerdote invita a los presentes a participar en el acto penitencial, de los cuales el Misal propone tres formas, la primera de las cuales es el Confiteor. Esto se concluye con la oración del sacerdote de la absolución", que, sin embargo, carece de la eficacia del sacramento de la Penitencia".
"De vez en cuando, los domingos, sobre todo en tiempo de Pascua, en lugar del acto penitencial acostumbrado, la bendición y ser rociados con agua puede tener lugar como un recordatorio del bautismo"

Después del acto penitencial, el Kyrie, eleison (Señor, ten piedad), siempre está iniciado, a menos que ya ha sido parte del acto penitencial. Ya que es un canto por el que la aclamación fiel al Señor e imploran su misericordia, normalmente se ejecuta en todo el mundo, es decir, con el pueblo y el coro o cantor que participan en ella ". El Kyrie puede ser cantado o recitado en la lengua de cada país o en el original griego, o latin.

"La Gloria in excelsis (Gloria a Dios en las alturas) es un himno más antiguo y venerable por el cual la Iglesia, reunida en el Espíritu Santo, glorifica y suplica a Dios Padre y al Cordero ... Se canta o se recita los domingos fuera de Adviento y Cuaresma, y también en Solemnidades y Fiestas, y en las celebraciones particulares de un carácter más solemne".

De acuerdo con esta norma, El Gloria se omite en los funerales. También se omite para los días de fiesta común de los santos, los días laborables, y las misas votivas . También es opcional, en línea con la percepción del grado de solemnidad de la ocasión, en las misas rituales, tales como las que se celebran para el Matrimonio("Misa Nupcial"), la Confirmación o profesión religiosa, en las Misas en el aniversario de matrimonio o profesión religiosa, y en las Misas por diversas necesidades y ocasiones.

"A continuación, el sacerdote llama al pueblo a orar y todo el mundo, junto con el sacerdote, observa un breve silencio para que ellos puedan llegar a ser consciente de estar en la presencia de Dios y puede traer a la mente sus intenciones. Entonces el sacerdote pronuncia la oración suele llamar la "Recoger" ya través de la cual el carácter de la celebración se manifiesta".

Dios nos invita a comenzar nuestro encuentro con Él dejando en sus manos todo lo que nos aparta de su amor. Esto requiere de nosotros una actitud de humildad: reconocer que hay pensamientos, palabras y obras que obstaculizan y nos aparta de nuestra relación con Dios, eso son los pecados. La Palabra de Dios y la enseñanza de la Iglesia nos ayudan a ver cuáles son esas situaciones; la humildad está también en dejarnos enseñar por Dios.



3. LITURGIA DE LA PALABRA: LAS LECTURAS:

Los Domingos y solemnidades, se leen tres lecturas bíblicas. En otros días sólo hay dos. Si hay tres lecturas, la primera es del Antiguo Testamento (un término más amplio que el hebreo Escrituras, ya que incluye los libros deuterocanónicos ), o los Hechos de los Apóstoles durante la Pascua. La primera lectura es seguida por un salmo responsorial, puede ser el salmo completo una parte considerable. Se lo puede cantar, acompañada de un coro o simplemente leída por un lector. La segunda lectura es del Nuevo Testamento, por lo general de una de las epístolas paulinas. El lector llega a la conclusión general de cada lectura, al proclamar que la lectura es "la palabra del Señor", y la congregación responde: "Demos gracias a Dios".

La lectura final y el punto alto de la Liturgia de la Palabra es la proclamación del Evangelio. Esta es precedida por el canto o la recitación de la aclamación del Evangelio, típicamente un Aleluya con un versículo de la Escritura, que puede omitirse si no se canta. Aleluya es sustituido durante la Cuaresma por aclamación diferente de alabanza. Todos de pie, mientras que el Evangelio es cantado o leído por un diácono o, si no está disponible, por un sacerdote. Para concluir la lectura del Evangelio, el sacerdote o el diácono proclama: "El Evangelio del Señor" y el pueblo responde: "Gloria a ti, Señor Jesús Cristo." El sacerdote o el diácono luego besa el libro sagrado.

La Liturgia de la Palabra concluye con la oración universal u oración de los fieles. El sacerdote comienza con una breve introducción, a continuación, un diácono, un cantor u otro laico anuncia algunas intenciones para la oración, para que la congregación responde con una breve invocación, como "Señor, escucha nuestra oración". El sacerdote concluye con una oración más larga.

Limpios de corazón y en actitud de humildad podemos ahora escuchar la Palabra de Dios y dejarnos moldear por ella. Desde los tiempos antiguos del pueblo de Israel, Dios se ha manifestado al hombre por medio de la Palabra: en ella le ha mostrado su rostro, le ha enseñado a vivir, le ha dado esperanza con sus promesas, lo ha escogido y lo ha hecho su propiedad; más aún, ha despertado su fe y ha encendido la llama de su amor.

En las lecturas y el salmo Dios mismo se hace presente y nos habla, despierta nuestra fe, reafirma nuestra esperanza y aviva nuestro amor; es su Palabra, mensaje de amor, que espera nuestra respuesta. Dios quiere conversar con nosotros, escuchemos primero lo que quiere decirnos para poder luego responder a su amor. Aprendamos primero a escuchar, reflexionar y luego contestar con humildad.



4. EL ALELUYA:

Viene ahora un canto de gozo y de júbilo: “¡Aleluya! ¡Cristo vive, resucitó de entre los muertos! ¡Su victoria fue completa!”. Este canto prepara nuestro corazón para meditar la vida, obra y enseñanzas de Jesús, que vienen narradas a continuación en el Evangelio.



5. EL EVANGELIO:

Es la lectura más importante de la Eucaristía, pues nos pone en contacto con la persona y la vida de Jesús. Aprendemos directamente de Él, del recuerdo de sus enseñanzas, de su vida y de sus obras. En el Evangelio Jesús nos muestra su rostro, como se lo mostró a sus discípulos y a todas las personas que lo conocieron en Galilea, donde vivió, nos habla y nos instruye personalmente.

Si se lo permitimos, con su Palabra despertará nuestra fe, nos dará esperanza y encenderá nuestro amor. Por eso, antes de escuchar el Evangelio hacemos la Señal de la Cruz:

sobre nuestra frente, para que el Evangelio (presencia de Jesús) santifique nuestro pensamiento y podamos comprenderlo;

sobre nuestros labios, para que santifique nuestra palabra y podamos transmitirlo;

y sobre nuestro corazón, para que santifique todo nuestro ser y vivamos como Cristo.

6. LA HOMILÍA:

El sacerdote nos ayuda a comprender la Palabra de Dios, pues Dios mismo lo utiliza como mensajero de su amor.
Él nos comparte, por su ministerio, lo que la comunidad de los creyentes (la Iglesia) ha comprendido de este mensaje y también nos transmite su experiencia personal. Dios suscita en medio de su pueblo pastores para guiarnos en nuestro camino espiritual y para explicarnos sus enseñanzas. Es Cristo mismo quien nos habla a través de quienes nos predican su Palabra.

7. LA PROFESIÓN DE FE: EL CREDO.

Una vez hemos escuchado las palabras de Jesús y reflexionado sobre ellas viene el Credo, es decir, la expresión de nuestro compromiso personal y comunitario con Dios Padre Creador, Dios Hijo Salvador y Dios Espíritu Santificador: Él se nos ha revelado en la Palabra y ha despertado nuestra fe, por eso, en el Credo profesamos la fe que nos motiva personalmente y que nos congrega en comunidad.

El Credo es nuestra respuesta al amor de Dios que se nos ha manifestado primero, porque nuestra fe es la respuesta al encuentro con la persona de Cristo, que nos ha llamado, nos ha congregado y nos ha mostrado su rostro. Así como Jesús se encontraba con la gente, le predicaba el Evangelio o Buena Nueva y la gente comenzaba a creer en Él y a seguirlo, así Jesús nos muestra su rostro, nos llama, nos habla y nos toca profundamente cada vez que leemos un trozo del Evangelio, despertando nuestra fe y moviéndonos a seguirlo.

Además, el Credo precisa el contenido de nuestra fe, le da figura y rostro al Dios en quien creemos y a la Iglesia, fundada en la fe, de la cual hacemos parte.



8. LA ORACIÓN DE LOS FIELES:

En el Credo hemos expresado y precisado nuestra fe personal y colectiva, por eso ahora, como comunidad de fe, nos dirigimos a Dios, elevando nuestras súplicas, pidiéndole por todas nuestras necesidades y pidiendo unos por otros. Nuestras súplicas, como nuestro acto de fe, son siempre, a la vez, personales y comunitarias.

9. PREPARACIÓN DE LA OFRENDAS:

La ropa corporal se distribuye en el centro del altar, y la Liturgia de la Eucaristía comienza con la colocación ceremonial en el mismo del pan y del vino. Estos pueden ser llevados al altar en procesión, sobre todo si la Misa se ​​celebra con una gran congregación. El pan (hecho sólo de trigo, recién hecho, y en la tradición de la Iglesia latina, ázimo,) se coloca sobre una patena , y el vino (de uvas), mezclada con un poco de agua, se coloca en un cáliz.
A medida que el sacerdote coloca cada una en el cabo, dice una oración en silencio sobre cada uno individualmente, el cual, si este rito es acompañado por el canto, le está permitido decir en voz alta, en cuyo caso la congregación responde a cada oración con: "Bendito sea Dios para siempre". Entonces el sacerdote se lava las manos", un rito en el que el deseo de purificación interior encuentra su expresión".

La congregación, que se ha asentado durante este rito preparatorio, se levanta, y el sacerdote le da una exhortación a orar: "Orad, hermanos, para que este sacrificio mío y vuestro, sea agradable a Dios, Padre todopoderoso." La congregación responde: "Que el Señor reciba de tus manos este sacrificio, para alabanza y gloria de su nombre, para nuestro bien y el bien de toda su Santa Iglesia".
Entonces el sacerdote pronuncia la oración sobre las ofrendas variables que se han reservado.

Como Iglesia, unidos en una misma fe, en un mismo corazón, presentamos ahora la sencilla ofrenda que Dios mismo transformará en el Cuerpo y la Sangre de su Hijo Jesucristo.
Pan y vino son fruto de nuestro trabajo personal y comunitario, y simbolizan las dimensiones más sencillas de nuestra vida diaria: nuestro trabajo, nuestro sustento y nuestra alegría.

Con el pan y el vino va incluida la ofrenda de nuestra vida, de nuestro trabajo y de nuestro amor; nuestras penas, fatigas y alegrías van a ser recibidas por Dios de las manos del sacerdote y, como el pan y el vino, nuestro propio ser (cuerpo y alma) será también santificado y transformado con la presencia viva y real de Jesucristo Eucaristía.
En este momento unámonos al sacerdote, entregándole a Dios nuestra vida y todas nuestras necesidades por ejemplo: nuestra familia, nuestro trabajo, nuestra oración, nuestras penas y alegrías, nuestro cuerpo, nuestra alma, nuestra mente con todos sus pensamientos, nuestro corazón con todos sus sentimientos y deseos, nuestros labios y todas nuestras palabras, nuestros amigos y seres queridos, incluso los que no nos aman, en fin, toda la realidad humana material y espiritual de la que somos parte, para que toda esa realidad sea transformada por Cristo, sea santificada, sea cristificada; para que todos seamos hostias vivas, sagrarios de la presencia del Espíritu Santo; y para que el mundo entero sea un altar para la gloria de Cristo Jesús.





PLEGARIA EUCARÍSTICA.

"el centro y punto culminante de toda la celebración", comienza con un diálogo entre el sacerdote y el pueblo. Este diálogo se abre con el saludo litúrgico normal, "El Señor esté con vosotros", pero en vista de la especial solemnidad del rito comienza, el sacerdote exhorta al pueblo: "Levantemos el corazón". El pueblo responde con:
"Lo tenemos levantado hacia el Señor." El sacerdote introduce el gran tema de la Eucaristía, palabra originaria de la palabra griega para la acción de gracias: "Demos gracias al Señor, nuestro Dios", dice. La congregación se une a este sentimiento, diciendo: "Es justo y necesario".

10. CANTO DEL SANTO:

El sacerdote continúa con uno de los muchos prefacios Plegaria Eucarística, que conducen a la aclamación del Sanctus. Nos unimos a los santos y a los ángeles, que contemplan y gozan ya del fruto de estos misterios, cantando a Dios:

"Santo, Santo, Santo es el Señor Dios del universo, llenos estan los cielos y la tierra de tu gloria Hosanna en las alturas! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor. Hosanna en el Cielo".

En algunos países, la gente se arrodilla inmediatamente después del canto o la recitación del Sanctus.
Hemos hecho ofrenda del pan y del vino, de nosotros mismos y del mundo entero. Ahora esta ofrenda va a ser consagrada: la hostia se transformará en el cuerpo de Cristo y el vino en su Sangre. Por esa consagración, nosotros mismos seremos santificados y el mundo entero también.
El cielo (los que ya gozan de la gloria de Dios) y la tierra (los que estamos de camino hacia la gloria) cantan la santidad de Dios, pues Él es el único verdaderamente Santo y fuente de toda santidad, justicia y todo bien.



11. CONSAGRACIÓN:

La Plegaria Eucarística incluye la "epíclesis", a través de la que la Iglesia implora la fuerza del Espíritu Santo para que los dones que han reservado puede convertirse en cuerpo y sangre de Cristo y que la Comunión sea para la salvación de los que van a participar de ella. La parte central es el relato de la institución y consagración, recordando las palabras y acciones de Jesús en su Última Cena, que le dijo a sus discípulos que hicieran en memoria de él.

En este momento, por el ministerio (por el encargo y el don) que el sacerdote ha recibido, el pan y el vino son transformados en el Cuerpo y la Sangre de Cristo.
El sacerdote repite las palabras que Jesús pronunció en la última cena, con las cuales Él mismo dio gracias y bendijo el pan y el vino, haciéndolos su cuerpo y su sangre, para alimentar con su propio ser a sus apóstoles, y a través de ellos y de la sucesión de sacerdotes a todos los creyentes.

"Tomad y comed todos de él, porque esto es mi Cuerpo, que será entregado por vosotros".
y luego "Tomad y bebed todos de él, porque éste es el cáliz de mi sangre, sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por vosotros y por muchos para el perdón de los pecados. Haced esto en memoria de mí".

Inmediatamente después de la Consagración de los elementos consagrados, el sacerdote dice: "Este es el misterio de nuestra fe", y la gente pronuncia la aclamación , utilizando una de las tres fórmulas prescritas. "Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección, ven Señor Jesús".

La Plegaria Eucarística también incluye la "anamnesis", la expresión de ofrecimiento, y la intercesión por los vivos y los muertos.

Se concluye con una doxología, con el sacerdote levanta la patena con la hostia y el diácono (si lo hay) el cáliz, y el canto o la recitación del Amén del pueblo. El término oficial "El Gran Amén" a veces se aplica a esta Amén.
La Eucaristía, Cuerpo y Sangre de Cristo, es el mayor regalo que hemos recibido de Dios-Padre: Él se ha quedado para siempre con nosotros en la persona de Cristo, Él mismo toma nuestra realidad y la transforma en su propio ser, para alimentar nuestra vida de fe.
Sin este alimento espiritual, es decir, sin la comunión real con su cuerpo y su sangre, nuestra vida de fe sería árida, estéril e inútil, pura imitación exterior de Cristo, por nuestras propias fuerzas.

Pero como Él nos alimenta con su propia vida en la Eucaristía, podemos vivir como Él, ser como Él, porque Él mismo, desde nuestro interior nos va transformando, nos va consagrando, va haciendo de nuestra vida una constante Eucaristía, sólo si nosotros le entregamos nuestro corazón y dejamos que su Espíritu actúe en nosotros, obtendremos todos los beneficios espirituales que vienen del Cielo y que recibe quien bien comulga.



12. EL PADRENUESTRO:

Todos juntos recitan o cantan el "Padre Nuestro" ("Pater Noster"). El sacerdote se presenta con una frase corta y con lo que sigue: "Líbranos, Señor, te rogamos, de todos los males, concede la paz en nuestros días, que, con la ayuda de tu misericordia, podemos estar siempre libre del pecado y salvo de todo peligro, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador, Jesucristo."

Las personas a continuación, añadir la doxología : "Porque tuyo es el reino, tuyo el poder, y la gloria, por siempre Señor".

Cristo se ha hecho presente en medio de nosotros, por Él hemos sido hechos todos hermanos en el Espíritu Santo, ahora somos todos hijos de un mismo Padre, el Padre de Jesús. Y Jesús además de ser nuestro Dios y Salvador de nuestras almas, es nuestro Hermano.
Por eso, ahora, juntos, podemos orar en compañía de Jesús al Padre, como el mismo Jesús en le sermón de la montaña nos enseñó:

Padre nuestro que estas en los Cielos,
santificados sea tu nombre,
venga a nosotros tu reino,
hágase tu voluntad, en la tierra como el Cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día,
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden.
No nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.

En este momento, oramos con Jesús, presente realmente, la oración al Padre: estamos unidos en oración Jesús, el Hijo Único, y nosotros, los hijos adoptivos.



13. MOMENTO DE LA PAZ - CORDERO DE DIOS:

Luego viene el rito de la paz ( pax ). Después de orar: "Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: La paz os dejo, mi paz os doy; no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia, y conforme a tu palabra conceda la paz y la unidad, Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos", todos responden: Amén.

El sacerdote desea al pueblo la paz de Cristo: "La paz del Señor esté siempre con vosotros". El diácono o, en su defecto, el sacerdote puede invitar a los presentes a ofrecer entre sí el signo de la paz. La forma de la señal de la paz varía según la costumbre local de cada país, para un saludo respetuoso (por ejemplo, un apretón de manos o un arco entre extraños, o un beso / abrazo entre los miembros de la familia).

Mientras que el "Cordero de Dios"(" Agnus Dei "en latín) letanía que se canta o recita, el sacerdote ahora parte la hostia y coloca una pieza en el cáliz principal, lo que se conoce como el rito de la fracción y mezcla.

Si los ministros de la Sagrada Comunión son necesarias, pueden pasar al frente en este momento, pero no se les permite ir al altar mismo hasta después de que el sacerdote haya comulgado. El sacerdote entonces se presentan los elementos transubstanciado a la congregación, diciendo:

"He aquí el Cordero de Dios, que quita los pecados del mundo Bienaventurados los que son llamados a la cena del Señor". Entonces todos repiten: Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una sola palabra tuya bastará para sanarme. "Entonces el sacerdote comulga y, con la ayuda del diácono y los concelebrantes y, si es necesario, los ministros de la Sagrada Comunión, distribuyen la comunión a los personas.

Reconocemos ahora que Jesús ha ofrecido su vida al Padre por nosotros muriendo en la Cruz, Él es el sacrificio vivo y santo que nos ha reconciliado para siempre con Dios.
Por Él nos ha llegado la paz verdadera: la que da Dios y que no la da el mundo.
Los bienaventurados del Cielo ya disfrutan de esa paz por toda la eternidad, y que nunca les será arrebatada.

La paz de Dios es la salvación eterna de nuestra alma; es el perdón de los pecados, el amor que es capaz de entregarse a sí mismo en sacrificio por aquellos que ama.

La paz de Cristo nos saca de nosotros mismos y nos pone al servicio de los demás, dejando de lado nuestros problemas y entregándonos de lleno en las necesidades de nuestro prójimo.

Mientras que la paz del mundo nos sumerge en nuestro propio egoísmo, en nuestros gustos desmedidos, placeres supérfluos, vanidades etéreas, se vive pensando en qué comer, qué comprar, qué vestir, se da rienda suelta a todos los caprichos del mundo.



14. RITO DE LA COMUNIÓN:

"Los fieles comulgan de rodillas o de pie, o bien, como ha sido determinado por las normas de la Conferencia de los Obispos. Sin embargo, cuando comulgan de pie, se recomienda que antes de recibir el sacramento que se da el saludo de reverencia, que determinará en las mismas normas". (En los Estados Unidos, la comunión ha de ser recibido en pie, aunque los miembros individuales de los fieles pueden optar por recibir de rodillas;. y el signo de reverencia especificada es una inclinación de la cabeza).

Entonces el ministro dice: "El cuerpo de Cristo" o "la sangre de Cristo", según que el elemento distribuido es el pan consagrado ni el vino consagrado, o bien: "El cuerpo y la sangre de Cristo", si ambos se distribuyen entre sí (por intinción ). El comulgante responde: "Amén".

En la mayoría de los países el comulgante puede recibir la hostia consagrada, ya sea en la lengua o en la mano, a discreción del comulgante. En algunos países, puede ser recibida sólo en la lengua. Muchos fieles luego de recibir la Sagrada Comunión hacen la señal de la cruz, aunque esto no es obligatorio o recomendado. En ninguno de los textos litúrgicos oficiales está especificado.

Mientras que la Comunión es distribuida, el canto de un canto o himno apropiado aprobado se recomienda. Si no hay canto, una breve antífona puede ser recitado ya sea por los fieles, algunos de ellos o por un lector. De lo contrario, el mismo sacerdote recita después de que se recibe la comunión y antes de que se distribuya a los demás.
"Los vasos sagrados son purificados por el sacerdote, el diácono o el acólito instituido después de la Comunión o después de la Misa. Entonces el sacerdote concluye la Liturgia de la Eucaristía con la Oración después de la Comunión, para que las personas están invitadas a ponerse de pie.

Este momento es absolutamente maravilloso, recibimos a Jesús en la Eucaristía, su cuerpo, su sangre, su alma y su divinidad. Dios viene a vivir en nosotros como en su propia casa, viene a transformarnos y a fortalecernos desde nuestro interior.
Como María en el momento en que recibió del Espíritu a Jesús en sus entrañas, así nosotros, en la comunión, quedamos fecundados por el Espíritu de Dios: realmente llevamos en nosotros a Cristo. Dios hace de su amor un acto: se nos entrega todo entero en la forma más sencilla y humilde (un trocito de pan) para que lo podamos recibir.

Es un excelente acto de amor a Dios asistir a Misa y comulgar todos los días, si es posible.



15. ACCIÓN DE GRACIAS:

Después de un regalo tan grande de haber comulgado ¿qué podemos hacer por Dios?

Sólo abrir nuestros labios y nuestro corazón al agradecimiento. Tomar conciencia de lo que hemos recibido y hacer de nuestra vida acción de gracias, es decir, reflejo del amor de Dios que hemos recibido en Jesús Eucaristía.

Él nos ha tocado, nos ha besado con su amor y sólo nos queda hacer de nuestra vida beso, caricia de amor a Jesús, mostrando su rostro en medio de nuestros hermanos. Agradecer a Dios significa vivir como vivió Jesús: sirviendo, amando, sanando, ayudando, socorriendo, enseñando, perdonando, entregando su vida por todos, sin excepción.

Misión difícil, casi imposible, pero no estamos solos, Cristo vive en nosotros y lo que es imposible para los hombres es posible para Dios. La palabra misma dice lo que tenemos que hacer: Eucaristía viene del griego y significa "acción de gracias".

Y la primera acción de gracias de debemos hacer es agradecer a Dios siempre, en todo tiempo, en cualquier lugar, sea de día, sea de noche, al amanecer, al acostarnos, darle gracias por todo lo que nos da: el sol, el aire que respiramos, el alimento diario que comemos, el que podamos caminar, que podamos ver, podamos hablar, que podemos pensar, que tenemos una familia, que tenemos hijos, sobrinos, hermanos, amigos, padres, en fin todo eso, agradecer siempre a Dios por todo.

En eso consiste el Cielo, en un eterno agradecimiento a Dios por todos los bienes recibidos, y el haberlos librado de la condenación eterna del infierno. Los bienaventurados del Cielo así lo entienden y lo manifiestan con cánticos de júbilo y alabanzas a Dios Padre Todopoderoso y a nuestro Salvador JesuCristo.

16.RITO DE CONCLUSIÓN Y BENDICIÓN FINAL:

Después de la oración de la Comunión, los anuncios de la Iglesia pueden ser hechas. El Misal dice que estos deben ser breves. El sacerdote da el saludo litúrgico usual e imparte su bendición. La Liturgia concluye con un diálogo entre el sacerdote y la congregación. El diácono, o en su defecto, el mismo sacerdote despide al pueblo, eligiendo una de las cuatro fórmulas, de las cuales la primera es " Ite, missa est " o su equivalente en otros idiomas.
La congregación responde: "Demos gracias a Dios". El sacerdote y los otros ministros se van, a menudo con el acompañamiento de un himno de despedida.
El pueblo entonces se retira. En algunos países, el sacerdote habitualmente se dirige hacia la puerta de entrada de la iglesia para saludar individualmente a cada persona.

Con el encargo de dejar vivir en nosotros a Cristo y transmitirlo a los que nos rodean en acciones concretas de amor y servicio, somos enviados al mundo con la bendición de Dios, para que nuestra tarea sea efectiva y demos fruto abundante con nuestro ejemplo.

Recibimos a Cristo Eucaristía para compartirlo con los que nos rodean. Hemos sido bendecidos para que seamos bendición para los demás; hemos entrado a la Eucaristía como harina y agua, y Dios ha hecho un pan que ha consagrado para sí.
Ahora somos hostias consagradas: llevamos en nosotros la presencia de Jesús y tenemos la misión de reflejarla y transmitirla a los demás, para que todos seamos transformados.

La palabra Misa lo resume todo: viene del latín y significa envío, es decir, los que recibimos a Jesús somos enviados a darle a conocer. El fruto de la Eucaristía es que todos seamos misioneros, es decir, que llevemos a Jesús a los demás, a los que no la conocen.



Fuente: Birgit Scharfenort Matallana. Corregido y aumentado. Spain - 2005.

ORIGEN DE LA SANTA MISA

El término "misa" se originó en el siglo IV (cuarto) para "despedir" a los fieles al final de la ceremonia eucarística (Ite, missa est) y, luego, a toda la celebración o, bien, a la segunda parte de la misma (la actual celebración eucarística), según datos de San Isidoro de Sevilla (Etimologías 6,9).

Ite Missa Est,

significa: es la despedida, (literalmente Id en misión evangelizadora, podéis ir en paz), que es la fórmula final con la que se despide a la asamblea después del culto de la misa católica en latín.
También existe una forma alternativa de despedida, probablemente desde el año 1000:
Benedicamus Dómino (Bendigamos al Señor) y su respuesta: Deo Gratias (Gracias sean dadas a Dios) en las misas que no incluyen al Gloria.

Algunos exegetas dan sus explicaciones posteriores y prefieren su derivación de la palabra latina "missio" (misión) que según ellos se acerca más a la realidad, en cuanto a la traducción.
De ese modo, la Misa no sería otra cosa que vivir en la vida práctica lo que se ha aprendido y vivido en la liturgia eucarística, según el Catecismo Mayor de San Pío X.

He aquí un breve ejemplo: Ite missa est, alleluia alleluia.



BENEDICAMUS DOMINO

Benedicamus Domino (expresión en latin que significa «Bendigamos al Señor») es un saludo final utilizado en la misa romana, en vez de Ite missa est, en los casos en que no se canta el Gloria (como por ejemplo ocurre durante el periodo de Cuaresma). La respuesta litúrgica, dicha a continuación, es Deo gratias (esto es, «Gracias a Dios»). Se canta también como un versículo al final de todos los oficios.

En principio, el canto era desconocido en Roma antes del año 1000, y pudo haberse originado en el Rito galicano. En los libros de cánticos modernos, la música que se le adjudica es exactamente la misma que para el Ite missa est, aunque se desconoce si esto era también así en el periodo medieval.

El texto era frecuentemente tropado (técnica inicial de tropar, recurso musical usado en antiguos entornos populares profanos), en especial añadiéndole texto entre las dos palabras o usando la melodía como cantus firmus para un órgano. El uso de este canto como tono recitativo era común en la Escuela de San Marcial de Limoges y en la Escuela de Notre Dame de polifonía, además de en una docena de sitios en el Magnus Liber.

Durante las reformas litúrgicas de los Papas Pío XII (1938–1958) y Juan XXIII (1958–1963), el uso del Benedicamus Domino fue restringido. Hacia 1963, solo se recitaba o cantaba cuando inmediatamente después de la misa había una procesión. Es poco escuchado en países anglosajones, en tanto que las procesiones no son frecuentes. Por otro lado, se sigue usando en la Liturgia de las Horas. Un emplo:

Los luteranos continúan usándolo en esta misma liturgia y al final de la suya propia.



DEO GRATIAS

("Gracias sean dadas a Dios")

Antigua fórmula litúrgica de la Iglesia Latina para agradecer a Dios por las gracias recibidas. Se encuentra en las Escrituras: 1 Cor., 15:57 y 2 Cor., 2:14.

En la Liturgia, el "Deo Gratias" se dice en la Misa:
como una respuesta del monaguillo a la Epístola o Profecía; en la Misa Solemne esta respuesta no puede ser cantada por el coro. En la Liturgia Mozárabe y en la Antigua Liturgia Galicana, el Deo Gratias sigue al título de la Epístola o Profecía; al terminar se dice el "Amén".
En el culto Griego y sus iglesias hijas no utilizan esta fórmula en conexión con la Epístola. En la Iglesia Latina, el Deo Gratias no se dice en Sábado de Témporas después de la quinta lectura, siendo seguida por el cántico de Los Tres Jóvenes en el horno, para no interrumpir el sentido; tampoco se dice después de las lecturas del Viernes Santo o después de las Profecías del Sábado Santo ni en la vigilia de Pentecostés.

En respuesta al Ite Missa est (Podéis ir in paz) y en el Benedicamus Domino, como acción de gracias por las gracias recibidas en la Misa; después del ultimo Evangelio; después del primer Evangelio el monaguillo contesta Lau tibi Christe. Quarti (Rubr. Miss. Rom. Comment. illustr., 2, 12, ad 4) dice que el primer Evangelio significa la plegaria de Cristo, por esto es que se ora a Cristo diciendo: Laus tibi Christe; el segundo Evangelio significa la plegaria de los Apóstoles, y de aquí que solamente se contesta Deo Gratias, pero estas interpretaciones son artificiales y arbitrarias.

El Deo Gratias se utiliza más frecuentemente en el Breviario; en los Maitines (excepto en los últimos tres días de la Semana Santa y en el oficio de Difuntos) después de cada lectura, respondiendo a la invocación: Tu autem Domine miserere nobis; también se utiliza después de los capítulos, de la lectura corta de Prima y en las Completas; como respuesta al Benedicamus Domino de la Completa; y en respuesta al Benedicamus Domino al terminar cada Hora. El Breviario Mozárabe coloca el Deo Gratias después del título de la lectura, y el Amén al final. Fuera de la Liturgia.

La fórmula Deo Gratias fue utilizada en oraciones y costumbres extra-litúrgicas por cristianos de todas las épocas. La regla de San Benito establece que el portero debe decir Deo Gratias, tantas veces como alguien llame a la puerta o cuando un mendigo pida ayuda.
Cuando San Agustín anuncia al pueblo la elección de su coadjutor y sucesor Evodius, el pueblo dijo Deo Gratias treinta y seis veces (St. Aug., Ep. ccxiii al. cx, De Actis Eraclii).

En África era el saludo utilizado por los católicos para distinguirse de los donatistas quienes decían: Deo laudes (St. Aug., In Ps. cxxxi). Por lo tanto, en África el Deo Gratias se presenta como un nombre católico, por ejemplo: San Deogratias, Obispo de Cartago (453-456).
El nombre del diácono para quien San Agustín escribió el tratado "De catechizandis rudibus", fue Deogratias. San Felix de Cantalizio (1515-87) utilizaba esta interjección tan a menudo, que el pueblo le llamaba Hermano Deogratias.
F.G. HOLWECK. Transcrito por Christine J. Murray.

LA TRANSUBSTANCIACIÓN

La Transubstanciación es una doctrina Católica de la Eucaristía, definida por un canon del Concilio de Trento, como la transformación del pan y el vino en el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo.
Aunque en realidad ya figuraba desde el siglo IV puesto que Cirilo de Jerusalén ya lo había redactado en el Catecismo a los Catecúmenos.
El Concilio de Trento no hace más que confirmar lo que hacía 1500 años se venía creyendo en lo referente a que:
"la consagración del pan y del vino que se opera en el cambio de toda la substancia del pan en la substancia del Cuerpo de Cristo y de toda la substancia del vino en la substancia de su Sangre".

Significando "especie" para estos efectos, los "accidentes" del pan y del vino: color, gusto, cantidad, etc.

Esta conversión o transformación se opera, de acuerdo a lo establecido en el Catecismo Católico, en la plegaria eucarística con la consagración, mediante la eficacia de la palabra de Cristo y de la acción del Espíritu Santo.
Se considera que bajo las especies consagradas del pan y del vino, "Cristo mismo, vivo y glorioso, está presente de manera verdadera, real y substancial, con su Cuerpo, su Sangre, su alma y su divinidad" (cf Cc. de Trento: DS 1640; 1651)".
Dicha presencia eucarística se mantiene mientras subsistan las especies eucarísticas.

Se basa en el sentido literal e inmediato de las palabras de Cristo en la Última Cena: "esto es mi cuerpo...y mi sangre" Marcos 14:12-16 16:22-26, Mateo 26:26-28, Lucas 22: 14-23. Si bien en el evangelio de Juan no se hace mención a la instauración de la Eucaristía, Jesús hace mención a dar de comer su carne como alimento de vida eterna (Jn 6: 51-58).

Los cristianos de la Iglesia ortodoxa aceptan también esta doctrina, opuesta a la doctrina luterana de la consubstanciación. Las Iglesias de Comunión Anglicana aceptan la presencia real de Jesús en los elementos consagrados, sin entrar a discutir cómo ocurre el Misterio, simplemente en las palabras de Jesús: "este pan es mi Cuerpo", "este vino es mi Sangre".
Los protestantes la rechazan, argumentando que para obtener la vida eterna, no es necesaria otra cosa que una fe verdadera en Jesús, lo que eliminaría la necesidad de cualquier sacramento. A veces también bajo el argumento de que a los judíos les tenían (y tienen) prohibido beber sangre y ellos aún estaban bajo esa ley.

DOCTRINA DE LA TRANSUBTANCIACIÓN

La doctrina de la Transustanciación definida como la doctrina "T" halla su base en la narración bíblica de la última cena de Jesús con sus discípulos y en la interpretación literal que de ella se hace. Se basa en las palabras de Cristo:

"Tomad y comed, esto es mi cuerpo. " ... "Tomad y bebed, esto es mi sangre"

Mateo 26: 26-29, Marcos 14: 22-25, Lucas 22: 14-20.

Que de acuerdo deben ser interpretados literalmente sin interpretaciones simbólicas, ya que el texto original del Evangelio según San Juan utiliza las palabras griegas "fagon" que significa literalmente "comer".

Se debe al monje benedictino y abad de la Abadía de Corbie, Pascasio Radberto el primer escrito en defensa de la transubstanciación en su "De Corpore et Sanguine Domini" del año 831.
El monje Ratramnus, de la misma abadía, sostenía en su De corpora et sanguine Domini que en el pan consagrado hay verdadero cuerpo de Cristo, y que en el vino hay verdadera Sangre de Cristo, por lo tanto Cristo está presente en el pan y el vino en una manera espiritual, pero que no era la misma carne y sangre que nació de María y que fue crucificada.

La posición de Ratramus es practicamente la misma que la consubstanciación o panificación que siglos después sostendría Lutero. Las ideas de Ratramus serían retomadas por Berengario de Tours en el año 1047.

El término transubstanciación parece haber sido utilizado por primera vez por un discípulo de Berengario, Hildeberto de Lavardin alrededor del año 1097.

Esta presencia real fue negada por diversos grupos de manera directa o indirecta, como los docetas, y más tarde por Wyclif, Juan Calvino, Zwinglio, y en cierto aspecto Lutero, quien elaboró la doctrina de la Consubstanciación que aunque no negaba la presencia real, hacía permanecer la substancia del pan y el vino al lado de la substancia del cuerpo y sangre de Cristo.

La doctrina "T" fue declarada sobre todo contra las sectas espiritualistas nacidas de la Iglesia Católica en el siglo XII, como los albigenses, cátaros o petrobrusianos, quienes atacaban la jerarquía eclesial, con ello el poder del sacerdote de consagrar y por último la presencia real de Cristo en la eucaristía. La doctrina fue reafirmada por el concilio de Trento esta vez contra los reformadores.

Para entender la doctrina "T" se emplean dos términos filosóficos básicos: sustancia y accidentes. Sustancia es aquello que hace que una cosa sea lo que es. Accidentes son las propiedades no esenciales y que son perceptibles por los sentidos.

Los partidarios de la transustanciación creen que la sustancia del pan cambia, por un milagro y por las palabras de la consagración que pronuncia el sacerdote, y se convierte en la sustancia del cuerpo de Cristo, el pan ya no tiene lo que lo hacía pan, ahora es el cuerpo de Cristo, de igual manera pasa con el vino, pero permaneciendo los accidentes del pan y el vino como su olor, textura, sabor. Como la substancia es la de Cristo, cualquier pedazo minúsculo contiene a Cristo todo entero, igualmente cualquier gota del vino. De este modo comiendo sólo el pan o bebiendo sólo el vino se come o bebe el cuerpo entero de Cristo.

EL CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA AFIRMA AL RESPECTO:

"La presencia del verdadero Cuerpo de Cristo y de la verdadera Sangre de Cristo en este sacramento, no se conoce por los sentidos, dice Santo Tomás, sino sólo por la fe, la cual se apoya en la autoridad de Dios".

Por ello, comentando el texto de S. Lucas 22,19: "Esto es mi Cuerpo que será entregado por vosotros"; San Cirilo declara: No te preguntes si esto es verdad, sino acoge más bien con fe y devoción las palabras del Señor, porque Él, que es la Verdad, no miente"
S. Tomás de Aquino, s.th. 3,75,1, citado por Pablo VI, MF 187.

¿CUÁL ES EL SENTIDO DE ASISTIR A LA SANTA MISA?

El sacrificio de la Santa Misa se ofrece a Dios para cuatro fines:

1º., para honrarle como conviene (porque es justo y necesario), y por esto se llama latréutico;

2º., para agradecerle sus beneficios, y por esto se llama eucarístico;

3º., para aplacarle, para darle alguna satisfacción de nuestros pecados y para ofrecerle sufragios por las almas del Purgatorio, por lo cual se llama propiciatorio;

4º., para alcanzar todas las gracias que nos son necesarias, y por esto se llama impetratorio.
Según el Catecismo mayor de S. Pío X cuestión 660; parte cuarta de los sacramentos, capítulo V - 1º.

Ya el concilio de Trento (El Concilio de Trento fue un concilio ecuménico de la Iglesia Católica Romana, entre el año 1545 y el 1563) en los puntos [1743 DS] [Denz 940] y [1753 DS] [Denz 950] lo enseña y puntualiza:

Si alguno dijere que el sacrificio de la Misa sólo es de alabanza y de acción de gracias, o mera conmemoración del sacrificio cumplido en la cruz, pero no propiciatorio; o que sólo aprovecha al que lo recibe; y que no debe ser ofrecido por los vivos y los difuntos, por los pecados, penas, satisfacciones y otras necesidades, sea anatema (sea maldito) [cf. 1743 DS].

ESENCIA, INSTITUCIÓN Y FINES DEL SANTO SACRIFICIO DE LA MISA.

Catecismo Mayor de San Pío X.

1. ¿Es verdad que el pan y el vino se transforman en el Cuerpo y la Sangre de Jesús?
Sí, es verdad. Así lo afirma el Concilio de Trento y así debemos creerlo los católicos. Porque nosotros creemos, tenemos fe y devoción en nuestro Salvador Jesús, y Él puede darnos muestras de su poder transformándolos.
Si nosotros confiamos en Él, Él puede hacerlo todo por nosotros. Para Dios nada es imposible.
2. ¿Es la Eucaristía solamente un sacramento?

La Eucaristía, además de sacramento, es también el sacrificio perenne de la nueva ley dejado por Jesucristo a su Iglesia para ser ofrecido a Dios por mano de los sacerdotes.

3. ¿Qué es la Santa Misa?

La santa Misa es el sacrificio del Cuerpo y Sangre de Jesucristo, que se ofrece sobre nuestros altares bajo las especies de pan y de vino en memoria del sacrificio de hizo Jesús al morir en la Cruz.

4. ¿Es el sacrificio de la Santa Misa el mismo de la Cruz?

El sacrificio de la Misa es sustancialmente el mismo de la Cruz, en cuanto el mismo Jesucristo que se ofreció en la Cruz es el que se ofrece por manos de los sacerdotes, sus ministros, sobre nuestros altares; mas, cuanto al modo con que se ofrece, el sacrificio de la Misa difiere del sacrificio de la Cruz, si bien guarda con éste la más íntima relación.

5. ¿Qué diferencia y relación hay entre el sacrificio de la Misa y el de la Cruz?

Entre el sacrificio de la Misa y el de la Cruz hay esta diferencia y relación: que en la Cruz, Jesucristo se ofreció sufriendo sobre su cuerpo, derramando su sangre y mereciendo por nosotros; mientras en nuestros altares se sacrifica Él mismo sin derramamiento de sangre y nos aplica los frutos (méritos) infinitos de su pasión y muerte. Dichos méritos alcanzan para salvar éste mundo y cientos de miles de mundos.

6. ¿Qué otra relación guarda el sacrificio de la Santa Misa con el de la Cruz?

La otra relación que guarda el sacrificio de la Santa Misa con el de la Cruz es que el sacrificio de la Santa Misa representa de un modo sensible el derramamiento de la sangre de Jesucristo en la Cruz; porque, en virtud de las palabras de la consagración, se hace presente bajo las especies del pan sólo el Cuerpo, y bajo las especies del vino sólo la Sangre de nuestro Redentor Jesucristo; si bien, por natural concomitancia y por la unión hipostática, está Jesucristo presente bajo cada una de las especies (pan y vino). Está vivo y verdadero.

7. ¿Es el sacrificio de la Cruz el único sacrificio de la nueva ley?

El sacrificio de la Cruz es el único sacrificio de la nueva ley, en cuanto por este sacrificio Jesús, el Señor aplacó la divina justicia, adquirió todos los merecimientos necesarios para salvarnos, y así consumó de su parte nuestra redención. Más estos merecimientos nos los aplica por los medios instituidos por Él en la Iglesia, entre los cuales está el santo sacrificio de la Misa.

8. ¿Quién es el que ofrece a Dios el sacrificio de la santa Misa?

El primero y principal oferente de la santa Misa es Jesucristo, y el sacerdote es el ministro que en nombre de Jesucristo ofrece el mismo sacrificio al eterno Padre.

9. ¿Quién instituyó el sacrificio de la santa Misa?

El sacrificio de la Santa Misa lo instituyó el mismo Jesucristo cuando instituyó el sacramento de la Eucaristía y dijo que se hiciese en memoria suya es decir, en memoria de su pasión.

10. ¿A quién se ofrece la Santa Misa?

La santa Misa se ofrece solo a Dios Padre Todopoderoso.

11. Si la santa Misa se ofrece a solo Dios, ¿por qué se celebran tantas Misas en honor de la Santísima Virgen y de los Santos?

La Misa que se celebra en honor de la Santísima Virgen y de los Santos es siempre un sacrificio ofrecido solo a Dios; se dice, empero, que se celebra en honor de la Santísima Virgen y de los Santos a fin de que Dios sea alabado en ellos por las bendiciones que les hizo y nos dé más copiosamente por su intercesión las gracias que nos convienen.

12. ¿Quién participa de los frutos y beneficios de la Santa Misa?

Toda la Iglesia (los fieles) participa de los frutos de la Misa, pero en particular:

I, el sacerdote y los que asisten a la Misa, los cuales se consideran unidos al sacerdote;

II, aquellos por quienes se aplica u ofrece la Santa Misa, así sea vivos como difuntos.

MANERA DE ASISTIR A LA SANTA MISA

13. ¿Qué cosas son necesarias para oír bien y aprovechar bien los beneficios de la Santa Misa?
Para oír bien y aprovechar bien la Santa Misa son necesarias dos cosas:

1ª, modestia en el exterior, y humildad de la persona;

2ª, devoción y fe del corazón.

14. ¿En qué consiste la modestia y la humildad de la persona?

La modestia de la persona consiste de un modo especial en ir modestamente vestido y en guardar silencio y recogimiento interior, escuchando al celebrante en todo momento, no distraerse, y no distraer a otras personas; apagando los molestos teléfonos móviles o celulares.
No hablar con otras personas durante la celebración de la Santa Misa.

La humildad consiste en reconocer a Dios Padre y a su hijo Jesús como fuente de todo bien, salud y bienestar sin la cual no hay salvación para nuestras almas; esperando todo de Dios: amor, sabiduría, protección y reconociendo que sin Dios nada podemos hacer.

15. ¿Cuál es la mejor manera de practicar la devoción del corazón mientras se oye la Santa Misa?

La mejor manera de practicar la devoción del corazón mientras se oye la santa Misa, es la siguiente:

I. Unir desde el principio de la Santa Misa nuestra intención particular (ofrecemos esta Santa Misa por la salud de (N), por nuestros difuntos (N), en acción de gracias por ..., pidiendo por la conversión de (N), etc...) con la/las intenciones del sacerdote, ofreciendo a Dios el santo sacrificio por los fines para que fue instituido (por el perdón y la salvación del mundo entero, através de los méritos de la pasión de Jesús).

II. Acompañar al sacerdote en todas las oraciones, cánticos, rezos y acciones del sacrificio de la Santa Misa, es decir participando de la Santa Misa.

III. Meditar la pasión y muerte de Jesucristo y aborrecer de corazón los pecados que fueron causa de ella, pidiendo perdón por los pecados propios y por los pecados del mundo entero, en lo posible tratando de hacer penitencia por ambas intenciones.

IV. Hacer la Comunión sacramental. Para ello es necesario confesarse, hacer una buena meditación de todas las faltas cometidas, acercarse al confesionario con humildad, diciendo todos los pecados: pasados y actuales, no callar ninguno, por más leve que sea, y hacer la penitencia que nos impone el sacerdote.

CATECISMOS MAYOR DE SAN PÍO X.
ENSEñANZAS ESPIRITUALES.


A la hora de tu muerte, tu mayor consuelo serán las Misas que durante toda tu vida oíste, y según con la fe y con la devoción con la que las oíste y participaste con cánticos y con la Sagrada Comunión, serán un beneficio abundante para tu alma, y delante de tí verás todos los méritos que has ganado cada vez que asistías a Misa.

Cada Misa que oíste te acompañará en el tribunal divino e intercederá por tí para que alcances el perdón de todos tu pecados, ya que clamará en tu beneficio.
Con cada Misa puedes disminuir el castigo temporal que debes por tus pecados, en proporción con el fervor, la fe y la devoción con que la oigas.

Con la asistencia devota a la Santa Misa todos los Domingos y fiestas de guardar, rindes el mayor homenaje a la Humanidad Santísima de Nuestro Señor Jesucristo, ya que el mismo Jesús en cada Santa Misa se entrega y muere por todos los pecados de los seres humanos hasta el fin de los tiempos.

La Santa Misa bien oída suple todas tus muchas negligencias, omisiones, abandonos y tu falta de interés en cada asistencia.
Por la Santa Misa bien oída se te perdonan todos los pecados veniales que estás resuelto a evitar, y muchos otros de que ni siquiera te acuerdas, desde del momento que comenzaste a pecar, de tu vida pasada y tu vida presente.

Por la asistencia a la Santa Misa pierde también el demonio dominio sobre ti, sobre tus familiares, amigos y todos los que te conocen, ya que el celebrante al terminar la Santa Misa imparte la bendición, cubriéndote con todos sus gracias.

Acuérdate que al oír y ofrecer la Santa Misa le das el mayor consuelo a las benditas almas del Purgatorio, porque la Preciosísima Sangre de Jesús lava los pecados de las almas en pena, y los méritos de María Santísima las consuelan enormemente en el lugar de aflicción.

Por la asistencia a la Santa Misa consigues bendiciones en todas tus empresas, negocios y asuntos temporales, conduciéndote por un camino seguro de salvación.
Una Misa bien oída participando de la Sagrada Comunión, mientras vivas te aprovechará mucho más que muchas que ofrezcan por ti después de tu muerte.

Te librarás de muchos peligros y desgracias en los cuales quizás caerías sino fuera por la asistencia y la participación de la Santa Misa.
Acuérdate también de que con la Santa Misa acortas tu Purgatorio.

Con cada Santa Misa aumentarás tus grados de felicidad y gloria en el Cielo. En ella recibes la bendición del sacerdote, que Dios ratificará en el cielo.

Todo aquel que oye Misa todos los días, Dios lo librará de una muerte trágica y tendrá la asistencia de los bienes espirituales que brinda la Santa Iglesia, y su Ángel de la guarda tendrá presentes los pasos que dé mientras vivas en la tierra, (otros de los beneficios que brinda la Santa Misa), y Dios lo premiará después de su muerte.

Durante la Santa Misa cuando te arrodillas en el momento de la transubtanciación (el momento de la transformación del pan y el vino, en el Cuerpo y la Sangre de Cristo) te sitúas en medio de una multitud de ángeles que asisten invisiblemente al Santo Sacrificio con suma reverencia, y haces parte de ésa multitud de ángeles que han venido a adorar a Cristo Jesús.

Cuando oímos Misa en honor de algún Santo en particular, dando a Dios gracias por los favores concedidos a ese Santo, no podemos menos de granjearnos su protección y especial amor, por el honor, gozo y felicidad que de nuestra buena obra se le sigue.

La Misa es el don más grande que se puede ofrecer al Señor por las almas, para sacarlas del purgatorio, librarlas de sus penas y llevarlas a gozar de la gloria. – San Bernardo de Sena.
El que oye Misa, hace oración, da limosna o reza por las almas del Purgatorio, trabaja en su propio provecho, y cuando muera será muy bien recompensado por Dios. – San Agustín.

Por cada Misa celebrada u oídas con devoción y fe, muchas almas salen del Purgatorio, y a las que aún quedan se les disminuyen mucho las penas que padecen. – San Gregorio el Grande, Papa.
Durante la celebración de la Misa, se suspenden las penas de las almas por quienes ruega y obra el sacerdote, y especialmente de aquellas por las que ofrece la Misa. –San Gregorio el Grande.

Puedes ganar también Indulgencia Plenaria todos los días Lunes del año ofreciendo la Santa Misa y Comunión en sufragio por las benditas almas del Purgatorio. Para los fieles que no pueden oír Misa los días Lunes vale que la oigan el domingo con esa intención.
Se suplica a los fieles que apliquen todas las indulgencias ganadas en vida en sufragio de las Almas del Purgatorio, Dios nuestro Señor al ver nuestra generosidad, no podrá ser menos generoso y recompensará con una multitud de bendiciones esta obra de caridad.

La Santa Misa es la renovación del Sacrificio del Calvario y la Muerte en la Cruz de Nuestro Señor Jesucristo, el Mayor acto de adoración a la Santísima Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Por eso es obligación oírla todos los Domingos y fiestas de guardar.

Frases y Dichos


La guerra siempre vuelve arrogante al vencedor y rencoroso al vencido. (Nietzche)

La más alta finalidad de nuestra vida consiste en depurar nuestra mala conducta y elevar nuestro bondad.(Smiles)

Nadie nace libre de vicios. El ser humano más perfecto es el que tiene menos.(Horacio)

Es más fácil perdonar a un enemigo que a un amigo. Por lo tanto perdona siempre. (Anónimo)

Para apreciar y valorar bien un consejo sería forzoso, ante todo, considerar la posición de quién lo da. (De Segur).

Entre más digas, menos escuchará la gente. En pocas palabras hay mayor provecho. (Fenelón)

La amistad de un hombre suele ser frecuentemente un apoyo, la de la mujer es siempre un consuelo. (Rochpedre)

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